La isla de los sueños es una isla mágica, que flota en el
mar de la eternidad. En el centro de la isla de los sueños, hay un valle
rodeado por montañas, que se llama el valle de la tranquilidad. Cuentos del
amanecer es una serie de relatos cortos que suceden en dicho valle, años antes
de los hechos que se narran en el que será mi primer libro: cuentos del bosque:
Origi y que sirven para presentar a varios de los personajes que aparecerán en
el mismo. Espero que disfrutéis leyéndolo al menos tanto como yo he disfrutado
escribiéndolo.
Dedicado a la memoria de Hoppo. Tu me hiciste fuerte.
Ada se despertó cuando el cálido
sol empezó a darle en la cara. Se levantó de la cama, descansada, y miró su
cuarto mientras terminaba de despertarse. Su cuarto, su hogar… Allí estaba su
vida, o había estado, pues pronto se iría (aunque ella aún no lo sabía). Su
casa estaba al final de las montañas Wakter (lo que hacía que lloviera a
menudo) y al principio del bosque de las hadas y las llanuras de la eternidad.
Desde el Peñón en que estaba subida la casa había unas vistas privilegiadas del
bosque y la llanura, pero se empequeñecía con la enorme montaña que tenía
detrás. La casa estaba hecha en varias partes, y el cuarto de Ada miraba para
el patio que había frente a la casa. Era un cuarto sencillo, con una cama junto
a la puerta, dos armarios de diferente color y una pequeña ventana por la que
se veía el bosque, y en la que Ada se pasaba las horas mirando cuando llovía.
Se
levantó y fue a vestirse, algo triste. Mientras se vestía rápidamente (ya que
hacía mucho frío en esa época del año) pensaba en su Madre. Había hablado con
ella el día anterior, pero no la había dejado acompañarla.
Ada era lo que llamaban
"híbrida", puesto que tenía sangre de las hadas (por parte de su
madre) y de los elfos (por parte de su padre). Ese tipo de híbridos eran muy
poco habituales, ya que hadas y elfos se solían llevar mal. Estaba en la edad médium (la pubertad), que
para los seres mágicos era especial, ya que era cuando empezaban a desarrollar
los poderes. En el caso de Ada había conseguido hacer algunos hechizos (lo que
demostraba que tenía la magia de su madre), pero también tenía algo de la
capacidad de los elfos para influir en las emociones de los demás, aunque de
forma mucho más sutil.
El motivo de la discusión era que
todos los años, en esa época, había una gran reunión del clan de las hadas (a
la que acudían todos los miembros desarrollados del Clan) en la mística ciudad
de Wida (que solo los que pertenecen al clan de las hadas pueden visitar),
donde se trataban los asuntos del Clan y se festejaba durante un día entero.
Eran reuniones en las que aparte de ver los asuntos de importancia del clan, se
bailaba, comía y reía con viejos amigos.. Ella había entrado en la media edad,
y ya notaba como sus poderes querían fluir a través de ella (A veces conseguía
lanzar pequeños hechizos), pero su madre decía que casi ninguna hada notaba los
poderes a su edad, que aún era muy joven y no podía acompañarla.
Bajó
las escaleras, que estaban junto a la puerta de su cuarto y salió directamente
a la cocina. La cocina era larga, y en ella su padre se afanaba (con escaso
atino) en preparar tortitas. Ella sonrió y abrazó a su padre por detrás,
haciendo que este diera un pequeño sobresalto.
-Preciosa, no te había escuchado. Como sé que estas triste,
estoy preparando tortitas.
-Te quiero papi-Dijo, volviendo a abrazarlo- Pero... ¿Y si
preparo yo las tortitas y tu mientras miras tus plantas? A ver si mi Rododendro
no se hubiera congelado.
-Me parece perfecto -Dijo, dándole un beso y agachándose
para poner su cara frente a la de ella- ¿Sabes que siempre serás mi mujercita
verdad?
Ella
sonrió. Su padre, como buen elfo, sabía manipular las emociones, por lo que
empezó a sentirse más animada en seguida.
-Claro papá- Venga, ve, que no tardaré mucho.
Su
padre salió de la casa (la puerta estaba en la misma cocina, en un lateral) y a
los pocos minutos se escuchó una voz de sorpresa. Ella, movida por la
curiosidad salió. El patio estaba en cuesta hacia un lado, y en la parte baja
había varias plantas, entre ellas su planta favorita. Pues esta parte de
plantas estaba casi destruida.
-¿Que ha pasado, papá?
Su padre miraba serio la tierra.
-Un problema. Seguramente un Wko o un Triben, normalmente
bastante asustadizos, pero estaría más tranquilo si tu madre o algún hada
estuvieran por aquí, ya que ellas, de forma natural, espantan a esos bichos.
Ada se
sintió un poco mal. Los seres de la noche no podían entrar en el valle de la
tranquilidad (donde ellos vivían), pero sí podían poseer a animales y hacer que
estos rompieran cosas, o asustaran a gente, o cosas por el estilo, pero solo
podían hacerlo cuando no había un hada cerca, ya que la magia de estas
imposibilitaba la conexión.Ada sentía sus poderes a punto de salir, sin embargo
no habian salido, y la esa era la prueba: si hubieran salido, el ser que fuera
no se hubiera acercado a menos de 500 metros de la casa.
-Pero… ¿No será peligroso estar aquí? - De repente, se
sintió vulnerable-
Su padre sonrió
-Esos seres salen solo de noche, y de hecho no son ellos,
sino pequeños animales que no tienen fuerza para rechazarlos y los poseen, y
hacen que hagan estas cosas(a su padre le gustaba explicar porque pasaban las
cosas, aunque supiera que ella ya lo conocía). Pero no te preocupes mi niña.
Vamos a arreglar la casa y a dar un paseo.
Entraron en la casa y ordenador y limpiaron la casa entera.
Cuando terminaron, se cambiaron de ropa y salieron con su hermano a dar un
paseo. Al salir de su casa giraron a la izquierda, dejando las montañas Wakter
a su derecha. Cuando llevaban poco rato se cruzaron con un vecino que era
pastor, una persona solitaria. Le saludaron y, mientras su hermano disfrutaba
jugando con las ovejas, este habló con ellos:
-Algo raro pasó anoche. Había demasiados animales con
comportamiento extraño.
-Algo hemos notado-Dijo el padre de Ada-
-Y encima de todos todas las hadas están en su reunión anual
del clan. Esperemos que esta noche, que aún no estarán de vuelta, no pase nada.
-Ningún año ha pasado nada, no tendría por qué pasar este.
-Ya, pero ningún año había habido tantos animales poseídos.
Parece como si prepararan algo…
El padre de Ada cortó la conversación por lo sano:
-Bueno, vamos a seguir con nuestro paseo.
Cogió a su hijo y siguieron andando. Al cabo de un rato,
viendo a Ada muy callada, le dijo:
-No le hagas caso a las palabras agoreras de una persona
aburrida de la vida. Su único estímulo es preocupar a los demás, lo único que
les hace sentirse vivos. No lo hacen con maldad, pero es odioso.
Ada no dijo nada, solo siguió
caminando. Cuando ya llevaban una hora andando, llegaron al final del bosque,
donde empezaban las llanuras. Se pararon a disfrutar del paisaje cuando un
ruido los sobresaltó. Un Fono (un pequeño ser, de forma humana y un metro de
altura, que solían vivir muy felices, de forma muy sencilla y solían cantar en
vez de hablar) salió de la espesura y se golpeó con el suelo. Corrieron a
ayudarlo, y al darle la vuelta vieron que estaba mal herido.
-¿Qué te ha pasado?-Le preguntó el padre de Ada mientras
tapaba con las manos algunas de sus heridas-¿Quién te ha hecho esto?-La voz de su
padre, de repente, era mucho más sería que de costumbre, lo que le recordó a
Ada que, cuando su padre no estaba en su casa, era un importante soldado
elfo-Hijo-Se volvió a su hijo- ve y busca varias plantas de Athelas, allí abajo
corre un río, seguramente habrá algunas, corre.
El ser tosió varias veces y respondió:
-Un Wek, ha sido un Wek. Se dirige a la aldea de Banta. Por
suerte, hay aquí un Hada, tiene que ir en seguida.
Ada y su padre se miraron, con
una mezcla de sorpresa y temor. Un Wek era un poderoso ser de la noche que
había conseguido transformar el cuerpo de una criatura poseída a un cuerpo más
apto para el ataque. Esto no era nada habitual, pero cuando lo lograban, eran
seres temibles que solo un hada podía neutralizar (al igual que si fuera
sido un ser de tierra solo un hombre de
piedra fuera podido con el). El resto de seres eran incapaces de enfrentarse a
la magia de ese ser. El problema era que todas las hadas estaban a mínimo un
día de distancia, y ese ser, según parecía, se dirigía al poblado de Banta,
donde vivían varias docenas de seres.
-¿No estarás confundido y habrá sido un simple transmutado?
- preguntó el padre de Ada- a veces mientras nos atacan la mente nos juega
malas pasadas.
-Seguro como que hace 100 años vi como uno mataba a mi
padre-dijo justo antes de desmayarse-
Su padre miró su estado
-Está bien, solo está inconsciente. ¿Qué hacemos? Solo
nosotros podemos tratar de parar a ese ser.
Ada sintió un pánico enorme. Miró
las heridas que tenía el Fono y el miedo comenzó a decorarla por dentro. Su
padre, que (como elfo que era) sabía por dónde iban sus emociones se agachó, la
miró a la cara y le dijo:
-Ada, cariño, sé que el miedo te invade, pero quiero que
pienses en una cosa. En esa aldea hay cientos de personas, bebes, niños que
están totalmente desprotegidos. Nadie puede ayudarles, sólo, tal vez, tu y yo.
Puede que resulte os heridos, tal vez incluso muertos… Pero sólo tú y yo podemos
intentar pararlo. ¿Quieres que lo hagamos? Piensa en ese ser monstruoso y en lo
que le hará a las pobres criaturas de Banta.
Ada intentó pensar. Entendía lo que le decía su padre, pero
no veía como ella podía hacer nada. Se lo dijo:
-Pero papá, yo aún no soy hada, no puedo hacer nada, soy
inútil para eso-dijo, echándose a llorar por el miedo-
Su padre la abrazó y le dijo:
-Dentro de ti hay mucho más de lo que crees. Yo no puedo
hacer nada contra ese ser, solo tu. Y si quieres podemos intentarlo. No te voy
a engañar, es posible que resultemos heridos, pero estoy convencido de que
venceremos.
-Ada soltó unas silenciosas lágrimas de puro miedo antes de
responder:
-Vale Papa.
En ese momento llegó su hermano
-Hijo, quédate aquí con el, tu hermana y yo vamos a
inspeccionar el bosque. Tardaremos un rato, así que no te preocupes.
-Vale papa.
Ada y su padre se internaron en el bosque, dirección al
poblado. Andar on un rato en silencio, hasta que Ada preguntó:
-¿porque has mentido a mi hermano?
El padre de Ada tardo en contestar
-Tu hermano es bueno, valiente y noble. Pero aún no ha
desarrollado ninguna habilidad mágica, por lo que no duraría ni un segundo
delante de este ser.
Ada comprendió. Su hermano tenía
muy preocupados a sus padres, ya que no estaba demostrando ningunos poderes, y
a los seres que no demostraban poderes, muchos los consideraban ciudadanos de
segunda.
-Por cierto, dijo su padre, parándose.
Se levantó sus pantalones,
dejando a la vista dos tatuajes (uno en cada pierna) con forma de espada. Puso
la mano sobre ellos mientras susurraba unas palabras. De repente, el relleno de
los tatuajes desapareció y dos espadas curvas aparecieron en sus manos, dejando
a Ada estupefacta.
-¿cómo has hecho eso?
-Los elfos guerreros de nivel alto entregamos nuestra vida a
ayudar a los demás. Cuando llegas a ese nivel de compromiso, te Dan las espadas
mágicas, que nunca pierden el filo y siempre están disponibles. Y ahora
silencio y agáchate, tras esa cresta está el poblado.
Se agacharon y llegaron a la
cresta. Al otro lado, unos veinte metros más abajo, había un pequeño poblado de
casas prácticamente iguales (de una planta, con un patio grande que tenía un
granero y unos establos). Guardaron silencio. Todo estaba en absoluto silencio.
-No me gusta - dijo su padre - puede que hayamos llegado
tarde. Vamos a bajar, con mucho cuidado. Ten en cuenta que los Wek son
extremadamente crueles, lo cual voy a utilizar en nuestra ventaja. Cuando lo
veamos yo entablaré combate con él. Me verás chillar de dolor, recibir muchos
golpes, pero no te preocupes, lo voy a hacer así para distraerle.
-¿Pero y qué hago yo papá?-Dijo aterrorizada. Por un momento
sintió el impulso de darse la vuelta y echar a correr-Yo no tengo poderes, no
tengo nada. ¿Cómo vamos a vencerlo? Las armas no pueden dañarlo de forma seria,
aunque sean las espadas élficas, solo la magia puede.
-Tú, cuando lo veamos, concéntrate en intentar que salga la
magia. Sé que lo harás bien mi niña - se agachó y se puso frente a ella - Sabes
que no me gusta esto, ¿Verdad? Pero espero que también sepas por qué lo
hacemos.
Ada sollozó unos instantes y respondió:
-Para evitar que le haga daño a gente que no puede
defenderse.
-Muy bien mi niña-dijo besándola- vamos
Bajaron la cuesta y entraron en el poblado. No se escuchaba
nada.
-Detrás mía-Dijo su padre-
Avanzaron por lo primera calle. A los pocos metros, en una
pequeña plaza, había varios cuerpos tirados en el suelo. Uno de ellos, que
estaba en la esquina de la calle, con medio cuerpo en la plaza y medio cuerpo
en otra calle, se volvió hacia ellos:
-Ayuda por favor, ayudarme.
De repente su cuerpo se elevó tres metros hacia arriba y
calló con una gran velocidad, matándolo en el acto. Justo después el Wek entró
en la plaza. Medía unos dos metros y medio de altura, y tenía forma humanoide.
Tenía la piel de color negro (como si se fuese quemado) y no tenía manos, en su
lugar tenía un martillo en una y una espada en otra. Al verlos lanzó un rugido
que le heló la sangre a Ada y la hizo agacharse de puro terror.
-Acuérdate Ada -Dijo su padre corriendo hacia el-.
Pensó que su padre era muy
valiente. Corrió directo hacia el ser, y cuando estaba llegando el ser barrió
con el martillo de izquierda a derecha, queriendo pillar a su padre. Pero este
pegó un salto con el que se encaramó a la cabeza del monstruo, donde empezó a
atacarle con sus espadas.
-Es inútil-pensó Ada-El acero no puede hacerle nada, Solo la
magia.
Y empezó a concentrarse,
intentando que saliera la magia. Era algo frustrante, sabía que dentro de ella
había un rinconcito donde estaba su magia, pero no sabía que tenía que hacer o
como sacarlo. Mientras lo hacía veía a su padre pelear con el monstruo. Su
padre, extremadamente hábil y sabiendo que no podía matarlo, se había dedicado
a cegarlo. Le había llenado de cortes alrededor de los ojos, que sangraban
profundamente, cegando parcialmente al ser. Sin embargo, en uno de los ataques
fue muy lento y el monstruo le dio un fuerte golpe que lo mandó volando varios
metros atrás, mientras soltaba un pequeño chillido. Calló como solo los elfos
saben caer y se quedó en cuclillas, esperando al monstruo con la respiración
acelerada.
-¿Eso es todo engendro del demonio?-Y volvió a atacarle.
El combate siguió bastante rato, y Ada lloraba cada vez más,
viendo a su padre recibir multitud de golpes, mientras ella solo podía mirar.
No era capaz de hacer magia.
-No soy digna-pensó, llorando- Voy a ver morir a mi padre
porque no puedo hacer magia. No soy un hada, ni una Elfa, ni nada. No puedo
ayudarlo, solo soy una inútil.
Y de repente, su padre recibió un fuerte golpe del martillo
en la cabeza. Solo llegó a decir:
-Huye-
Y se desplomó, inconsciente o tal vez muerto. Ada lloró
amargamente mientras notaba el suelo vibrar. El monstruo se acercaba a ella.
Lloró, deseando que acabara pronto. No había sido capaz de salvar a su padre.
EL había confiado en ella y ella le había fallado, así que se tapó la cabeza
con las manos esperando el golpe final, mientras pensaba:
-Mamá, hermano, perdonadme.
De repente noto algo extraño alrededor de ella, notó un
fuerte golpe y se apagó su luz.
Algo se había roto dentro de ella. No era algo físico, era
como si dentro de su cuerpo hubiera habido un envase cerrado lleno de magia. Y
este envase se había roto. Notaba la magia por cada uno de los poros de su
piel, invadiéndola.
Ella no era una mujer débil, era una híbrida de hada y Elfa,
joven, poderosa, descubriendo sus capacidades, y un maldito Wek no se iba a
poner en su camino. Así que se levantó, con una seguridad en sí misma que salía
desde lo más profundo de su corazón, corazón del que salía su fuerza, pura y
poderosa. Se levantó y miró alrededor. Estaba dentro de una casa medio
destruida. Al parecer el monstruo le había golpeado con el martillo, metiéndola
dentro de una, casa, pero ella había generado (sin saberlo) una especie de
escudo que había amortiguado el golpe. Salió de la casa, buscando al monstruo.
De repente, su vista era mucho mejor, lo que le permitió ver que el monstruo
estaba en la punta de la calle, corriendo hacia el campo abierto, seguramente
para ocultarse en el bosque y volver a atacar otro poblado.
-Hoy no.
Se paró un momento junto a su padre. Aún vivía, pero no
sabía que heridas tendría por dentro. De todas formas se concentró. Sabía que
su madre decía que curar era un acto de amor, que por eso las Hadas no podían
curar a todo el mundo, solo a seres que amaran. Pensó en su padre, y en que
quería que se curaran sus heridas, y notó como un pequeño caudal de magia fluyó
de ella y curó a su padre (al menos, las heridas exteriores). Las otras heridas
tendrían que esperar. Se volvió y corrió
hacia el Wek.
Cuando estaba alcanzándolo le chilló.
-Oye, tú. Ven aquí.
El ser se volvió, la miró y Ada vio, con satisfacción,
terror en sus ojos.
-Ya soy un hada (pensó Ada), y tú lo sabes porque me tienes
miedo.
El ser la atacó, pero Ada se levantó varios metros del suelo
y se quedó suspendida en el aire, viendo a aquel ser cruel dar saltos
intentando cogerla.
-Eres un ser cruel. Aquí nadie te hubiera hecho daño si no
fueras atacado a nadie, pero supongo que esa lógica es demasiado para ti.
Se concentró en partir al ser por mitad, y de repente, un
gran caudal de energía (mucho más grande del que ella había creído que iba a
costarle) salió de ella y el Wek, en mitad de un saltó, se partió por mitad,
cayendo al suelo partido en dos mitades. De repente Ada empezó a sentirse muy
mareada, por lo que bajó al suelo. Justo antes de caer al suelo, desmayada, vio
un montón de personas que se acercaban.
Estaba en su cama, muy cómoda. Se sentía en paz y feliz. No
era la Ada poderosa y temeraria que había vencido al monstruo, pero tampoco era
el Ada asustica. Era una nueva ella, más segura de si misma. Escuchó un ruido y
abrió los ojos. Era su madre, estaba allí al lado. Ella quiso abrazarla, pero
su madre no se le acercó -Las hadas eran muy reticentes al contacto físico, al
contrario que los Elfos. En otros momento se fuera cabreado mucho, ahora sin
embargo entendió que su madre no la abrazaba porque creía que ella no querría.
Podía entenderlo sin que le molestase-
-Me alegro que estés bien mi amor.
-¿Cómo está papá?
-Se recuperará, aunque ha sufrido bastantes daños. Ahora
está descansando, le queda otra semana al menos para recuperarse.
-¿Otra semana? Me estás diciendo…
-Que llevas una semana dormida, sí. -Su madre no pudo evitar
sonreír-Pero bruta, ¿Porque no lo mataste rompiendo una arteria de su cuello o
cabeza, o haciendo que una piedra pequeña le atravesara el cráneo? - Ahora se
puso seria - Casi mueres por partirlo por mitad-
-Lo siento mamá, no lo controlé.
-También te diré que tanto yo como los maestros del clan
estamos muy impresionados. En tu primer hechizo matar a un Wek partiéndolo por
mitad, es muy extraordinario. Me han dicho que cuando te recuperes te lleve a
Wida, que quieren examinarte.
Ada se sintió épicamente feliz
-¡Por fin podré ir!-Se acordó de una cosa-Por cierto, no
solo lo maté partiéndolo por mitad, también volé.
Su madre se quedó muy seria
-¿Como?
-Que volé. Me alcé 5 o 6 metros y me mantuve en el aire,
para que el Wek no me cogiera. ¿Qué pasa?-Dijo, viendo a su madre
extremadamente seria-
-Esa habilidad no ha sido capaz de emplearla ningún hada.
Las únicas hadas que vuela son las que tienen alas, las demás podemos dar un
salto grande gastando gran cantidad de energía, ya que tienes que soportar el
peso del cuerpo y la gravedad que lucha contra ti. Tal vez las más poderosas
del clan, sean capaces de saltar esa altura, no hablemos ya de mantenerse. Voy
a contárselo a los del clan, pero te adelanto una cosa: Probablemente te tengas
que quedar en Wida.
-¿Por qué?
-Porque -su madre guardó silencio- allí está la academia de
las archimagas, y creemos que tu eres una.
Ada se quedó callada, pensando. Una archimaga era algo que
aparecía cada mucho tiempo. Las archimagas tenían poderes muy superiores al
resto de las hadas.
-Bueno, mientras tú, papá y mi hermano estéis conmigo,
bienvenido todo. ¡Te quiero mamá-Dijo, abrazándola fuertemente-Sonrió al notar
como su madre no estaba cómoda-
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