Atrévete a Soñar
El mundo era perfecto para Sgrr. Era un niño de piedra, que
estaba cerca de llegar a la edad médium. Muy hablador (para ser un hombre de piedra)
y con hermanos a los que molestar, vivía feliz.
Vivían (como todos los hombres de piedra) en el límite de
las montañas de la luna (que era la barrera natural que defendía el valle de la
tranquilidad de las criaturas de la noche que vivían en la isla de los sueños,
fuera del valle). La única forma de entrar en el valle, era atravesando las
altas montañas de la luna. Pero estas tenían gravedad cambiante, Por ello,
podías dar un paso y salir despedido hacia delante, hacia arriba, o ser
aplastado contra el suelo.
Pero había caminos secretos, que solo los hombres de piedra
conocían y que eran los responsables de vigilarlos, para que ninguna criatura
de la noche entrara en el valle de la tranquilidad. Era un trabajo duro, pero
estaba compensado con el hecho de que las demás criaturas le traían toda la
comida que pudieran comer, además de regalos.
Era un trabajo que parecía creado para los hombres de piedra, porque
amaban la soledad. Al menos, casi todos.
Sgrr era el mediano de 3 hermanos, (Los hombres de piedra
solían tener entre 5 y 7 hijos, pero casi todos cogían una misteriosa
enfermedad, que solo se trataba en otra parte del valle de la tranquilidad y
que si no se curaba, requería de tratamiento de por vida. Quien volvía, se le
consideraba un hombre (o mujer) de piedra completo, y ya podía vigilar las
montañas de la luna, patrullar caminos o cualquier actividad reservada para los
adultos) y estaba cerca de entrar en la edad Médium. Su hermano mayor, llamado
Ptre, sólo se llevaba 15 años con el (los hombres de piedra vivían cientos de
años, y por eso mismo su crecimiento era muy lento. Además, no dejaban de
crecer mientras vivían, por eso la forma de saber la edad de un hombre de
piedra (hombre o mujer) era fijarse en la altura.) y compartían habitación,
además de un gran sentido del humor. Después estaba su hermana pequeña, Shru,
que aun dormía en la habitación de sus padres, ya que aún no había más
habitaciones.
Los hombres de piedra, debido a sus trabajos (patrullar las
montañas de la luna la mayoría, y el resto o bien patrullar los caminos, o bien
cuidar de sus propios poblados) solían vivir en cuevas que ellos mismos se
cavaban. Eran cuevas austeras, pero no por ello poco confortables. Solían
componerse de una habitación principal, con forma redonda, que estaba justo
detrás de la puerta de entrada, que era donde los hombres de piedra preparaban
su comida y hacían vida. Luego, alrededor de esta, estaban las demás
habitaciones, que se iban ampliando conforme la familia crecía. En el caso de
Sgrr, sus padres, muy ocupados, no habían podido excavar aun las habitaciones
de Ptre y Shru.
Aquella mañana, estaba plácidamente dormido cuando algo tapó
su nariz. Se despertó enseguida, sobresaltado, y lo primero que escuchó fueron
las risas de Ptre. Se estiró y fue a hacerle cosquillas a su hermano, que
estaba en su propio hueco (las camas de los hombres de piedra era huecos
excavados en la pared de la habitación) riéndose todavía. Su hermano lo recibió
sujetándole las manos, y forcejearon un rato, riéndose, hasta que la llamada de
su madre los interrumpió:
-Niños, despertad.
Dejaron de jugar y encendieron una luz (los hombres de
piedra eran nictálopes, por lo que la oscuridad que había en el cuarto no había
sido impedimento para ellos). Mientras
recogían, Sgrr se fijó en el brazo de su hermano. Desde hacía unos días tenías
unas manchas y sus manos, habitualmente duras y de color gris (como todos los
hombres de piedra) estaban moteadas de un extraño color carne. Sus padres
decían que era la enfermedad, que no era contagiosa pero que tenían que
llevarlo a curarse. Aun así, había algo que a Sgrr no le cuadraba, aunque no
sabía el qué. Le había preguntado a su profesor por las manchas de su hermano,
pero lejos de tranquilizarlo, guardó silencio, al igual que había hecho el
médico al que había ido a ver a escondidas de sus padres. Bastaba con
preguntarle a cualquier adulto para que guardara silencio y dejara de
responderle sus preguntas. También lo había intentado con Vrael, un elfo (ellos
vivían en un poblado que defendía un camino principal de las montañas de la
luna, por lo que había un asentamiento de elfos y un pequeño destacamento de
hadas) amigo suyo. Lo miró largamente, con pena, antes de contestarle:
-Por favor amigo, no me vuelvas a preguntar cosas que no
puedo responderte. Solo puedo decirte que ánimo y fuerza, que eres el hombre de
piedra más fuerte que conozco. Y recordarte que tu hermano y tú estáis
invitados a mi ceremonia del próximo mes (La ceremonia era un rito que tenían
los Elfos, que sólo podían intentar pasar una vez en la vida. Era un rito
secreto (que muy pocos pasaban), pero si lo superaban se celebraba una gran
fiesta, y al Elfo en cuestión se le daban las espadas de Samael, unas espadas
mágicas que siempre lo acompañaban, además de ser más reconocidos allá por
donde iban). Me haría mucha ilusión veros allí (Aunque los elfos y hombres de
piedra compartían campamento y población, no se solían mezclar. No era que se
llevaran mal, era simplemente que los hombres de piedra eran demasiado huraños
y solitarios para entablar conversación con nadie, todo lo contrario que los
emocionales Elfos).
Así que a Sgrr no le quedó más remedio que aceptar (Como
solo los hombres de piedra podían hacer) que todo saldría bien y seguir
disfrutando el día a día con su hermano, sin pensar demasiado en el mañana (esa
habilidad, la de luchar día a día sin desfallecer pese a tener pocas
posibilidades de ganar, le sería muy práctica en el futuro).
Cuando salieron a la sala común, el fuego ya ardía y varias
tostadas se hacían encima de una plancha, calentada por el fuego. En la cocina
había un olor delicioso, como todas las mañanas desde que Sgrr tenía memoria.
Su madre se afanaba en vestir a su hermana, mientras su padre preparaba la
comida, estrujando unas naranjas de las que salía un zumo que llenaba la cocina
de un olor muy rico. Ellos pusieron la mesa y cuando terminaron las tostadas,
todos se sentaron a comer. Como siempre, solo su hermano y el hablaban, sus
padres, como era habitual en los hombres de piedra, eran muy callados, y su
hermana apenas sabía hablar. Cuando ya estaban terminando su padre habló,
extrañándole a ambos (su padre era vigilante exterior, es decir, vigilaba la
parte externa de las montañas de la luna, por lo que podía pasar varios días
solo sin hablar con nadie, incluso cuando estaba en casa).
-Hoy vamos a ir a ver un médico, Ptre. Nos vamos ahora.
Tardaremos unos días.
Ptre y Sgrr se miraron, extrañados.
- ¿Por qué papá? ¿Tan grave es? Yo no me encuentro mal –
Dijo Ptre-
Pero solo obtuvo el silencio por respuesta. Sgrr se
preocupó. ¿Unos días sin su hermano? Iban a ser muy largos. Su padre volvió a hablar:
-Coge una mochila con tus cosas, te espero en la puerta.
Entraron en la habitación de ambos y Sgrr le ayudó a guardar
las cosas. Su hermano estaba nervioso. Sgrr le cogió las manos.
-Tranquilo hermano, te recuperaras.
Su hermano lo miró, preocupado.
-No lo haré. Se lo que va a pasar, y tu tienes que saberlo.
He hablado con Vrael y... -Su padre en ese momento los interrumpió entrando en
la habitación.
-Vamos hijo.
Su hermano se volvió hacia el y lo abrazó fuertemente.
-Te costará, pero habla con Vrael, él te ayudará.
Su hermano y su padre salieron por la puerta, dejándolo más
solo que nunca. ¿Qué iba a hacer el sin su hermano? Era el único igual que él,
que le gustaba bromear, reírse… ¿Cómo iba a ser su vida? Salió a la puerta,
justo a tiempo de ver a su padre marcharse con su hermano. Su hermano, al verlo
le preguntó:
- ¿Vamos a ir andando?
-No-respondió su padre- Vamos a ir hasta el puesto de hada
del campamento y ella nos transportará.
Su hermano lo miró, como queriendo decirle algo que no
entendió. Siguió mirándolos hasta que doblaron la esquina de la calle, y él se
quedó allí quieto, solo. Esa palabra era la que mejor lo definía en ese
momento: Solo. No tenía nadie con quien bromear, con quien hablar… ¿Cómo iban a
ser sus días a partir de ahora? ¿Cómo aguantar las largas horas de colegio sin
los descansos junto a su hermano? Se consoló pensando que no podía tardar tanto
en volver, que sería cosa de como mucho una o dos semanas. Pensando eso entró
en casa.
Habían pasado tres semanas desde que su hermano se había
ido, y Sgrr ya había caído en la apatía. No hablaba apenas con nadie. Nadie le
decía nada, ni lo consolaba, puesto que en los hombres de piedra era habitual
hablar muy poco, pero él no era así. No se sentía parte de ellos, se sentía un
extraño en su propia tierra. Él hablaba poco de pura tristeza, ya que no era
capaz de olvidar a su hermano. Se había peleado con sus padres un montón de
veces, y siempre le decían lo mismo: Que se estaba intentando curar de su
enfermedad, y que si no se curaba no podría volver a vivir con ellos. El les
dijo que quería irse con él, pero no le dejaron. Lloró muchas veces, hasta
secarse sus lágrimas, pero su tristeza no se iba.
Esa
mañana era la ceremonia de Vrael. Aunque no estaba su hermano, decidió acudir,
ya que Vrael era la única criatura que le había hecho compañía esas tres
interminables semanas. La ceremonia era en el patio de armas. Habían montado
una especie de cabaña en el centro, subida encima de un escenario de madera. La
cabaña tenía solo una puerta, y por ella entraban los candidatos de uno en uno.
Algunos tardaban minutos, otros, casi una hora, pero ninguno lo estaba
consiguiendo, todos salían asustados y los jueces sacaban el mismo cartel, el
de no conseguido. Llegó justo cuando iba a entrar Vrael, y desde lejos vio como
le sonrió justo antes de entrar. Buscaba un sitio para sentarse cuando se dio
cuenta de que muchos Elfos y Hadas estaban mirándolo. Los Elfos lo miraban
raro, como… ¿con respeto? ¿Por qué, si él no había hecho nada? (Luego sabría
que era respeto por ser el único hombre de piedra que se había molestado en ir
a ver a un Elfo amigo pasar la prueba (de hecho, era el único hombre de piedra
que tenía un Elfo amigo)). Pero las Hadas eran harina de otro costal. Los
machos y las hembras empezaron a burlarse de el en cuanto entró. Pasó al lado
de un grupo que, entre risas, le dijo:
-No me respondas -lo que despertó la risa de sus compañeros-
pero ¿Qué haces aquí?, solo debes saber… ¡Que aquí hay que guardar silencio! -y
estallaron en carcajadas.
Sgrr no lo entendía. ¿Qué le había hecho el a ellas? El no
quería llamar la atención de nadie, solo quería ver la prueba de su amigo.
Pero, como consecuencia de las risas de las hadas, mucha gente estaba volviendo
la cabeza y cuchicheando, mirándolo. ¿Por qué hacían eso? ¿Por qué esas
malditas hadas se burlaban de el? ¿Por qué lo miraba la gente? ¿No podían
dejarlo en paz? Aguantó con el gesto serio, obligándose a no llorar mientras
miraba la puerta por la que había desaparecido su amigo. Se acordaba de su hermano,
si él fuera estado allí se fueran reído ellos de todos aquellos seres.
Cuando ya pensaba que no iba a aguantar mucho rato los
cuchicheos, Vrael salió. Y, a diferencia de los otros salió victorioso. Todos
irrumpieron en aplausos (olvidándose de Sgrr, afortunadamente). Sgrr consideró
que ya lo habría visto, se dio la vuelta y se fue a su casa. Cuando estaba
llegando a su puerta, Vrael lo interceptó y, antes de que le diera tiempo, le
dio un fuerte abrazo. Y entonces, después de la pérdida de su hermano, las
burlas…Sgrr rompió a llorar. Creía que nunca podría parar de llorar, que
prefería la muerte antes que la honda pena que sentía por dentro.
Largo rato lloró y Vrael siguió allí, abrazado a él. Pasaron
algunos hombres de piedra alrededor, algunos incluso se quedaron mirando (era
muy raro ver un hombre de piedra con un Elfo, no digamos ya abrazados), pero a
Sgrr le dio igual. Al cabo de un rato dejó de llorar. Creía sentirse algo
mejor.
-Gracias, Vrael. Felicidades.
-Gracias, Sgrr. Tu no lo sabes, pero lo he logrado gracias a
ti. Y por eso mismo-dijo, acercándose a su oreja y hablando en susurros-No
debería decirte nada. Volverás a ver a tu hermano, de una forma u otra. Tu ya
mismo partirás, pero tú eres diferente, debes resistir. Solo recuerda -dijo
dándole una especie de figura de madera con forma de triángulo-llévate esto, y
mientras lo lleves, podrás hablarme y yo te escucharé, y desde donde esté te
daré ánimo y apoyo. Y resiste, que yo sé que tu lograrás resistir la prueba.
- ¿Qué prueba?
-La misma que yo acabo de pasar. Los hombres de piedra
pasáis vuestra propia prueba. Y no me preguntes más por favor. Solo
acuérdate-Vrael volvió a abrazarlo, se dio la vuelta y se fue.
El día siguiente amaneció como tantos otros. Se levantó, en
silencio y a oscuras, y se puso a vestirse. Pero cuando encendió la luz
encontró que tenía las manos manchadas de un extraño color carne. Al momento se
preocupó mucho, puesto que sabía que había cogido la misma enfermedad que su
hermano. Salió a la sala común y dijo:
-Papa, mama, mirad lo que me ha salido.
Sus padres se miraron, sin intercambiar palabras. Al cabo de
un rato, su padre dijo:
-Hablaré con el doctor para que lo organice. Seguramente
mañana partamos.
Y salió de la casa. Su madre lo miró, emocionada, y le dio un
fuerte abrazo.
-Siempre serás mi niño, me da igual lo que seas o en que te
conviertas-
Después salió con su hermana, dejando a Sgrr solo. El resto
del día transcurrió tranquilo, raro. No fue al colegio (quien cogía la
enfermedad no podía ir), así que estuvo en casa, dándole vueltas a la cabeza.
Él sabía que se iba a marchar. ¿Su hermano también lo sabía? S lo sabía… ¿Por
qué no le dijo nada? Llegó la noche, y se durmió sin saber que sería la última
noche de su vida que dormiría en casa de sus padres. A la mañana siguiente de
despertó y cogió su mochila (que ya había preparado el día anterior) y salió de
su cuarto, aspirando el familiar y rico aroma a tostadas y zumo. Desayunó, y
sin más despedida (pues su madre volvía a ser la de siempre) salieron. Cruzaron
el campamento, y llegaron al puesto de las hadas. Una de las hadas que había,
era la que se había burlado de el en la ceremonia de Vrael, pero esta vez no se
burló, esta vez lo miró con pena, cosa que le inquietó.
-Hijo-le dijo su padre cuando llegaron-Ahora, escuches lo
que escuches, no puedes hablar. Ánimo.
Se dio la vuelta y se dirigió al hada
-A este muchacho le ha llegado el momento. Ya sabes que
tienes que hacer.
El hada lo miró
- ¿No es muy joven?
-Da igual. Es el momento-se volvió hacia Sgrr-Adelante hijo.
- ¿Tu no vienes papá? -De repente, se sintió acongojado y
perdido- ¿Y qué hago yo?
Su padre no le respondió, con cara seria, le señaló la
plataforma tele transportadora.
Sgrr avanzó y entró en la cruz de madera, que marcaba el
sitio para ser teletransportado. El hada empezó a mover los brazos, y mientras
un haz de luz envolvía a Sgrr lo último que vio fue a Vrael con un triángulo de
madera como el suyo en la mano. Tras el haz de luz, notó una sensación extraña
en la barriga, tras lo cual apareció en un claro de un espeso bosque. Había
poca luz debido a la densa vegetación, que llegaba muy alto. Miró alrededor.
¿Se habría equivocado el hada? Decidió andar un poco a ver si veía a alguien.
Cuando llevaba unos minutos andando, escuchó una voz. Al abrir su mochila le
sorprendió descubrir que salía del triángulo, y la voz pertenecía a Vrael.
- ¿Me escuchas, Sgrr? Responde rápido por favor, no podemos
usarlo mucho.
Sgrr se apresuró a responder hablándole al triángulo.
-Vrael, tienes que hablar con mi padre, algo ha fallado. He
aparecido en mitad de un bosque.
-Escucha bien, Sgrr, nada ha fallado. Ahora que lo sabes ya
puedo contártelo sin faltar a un juramento. Los hombres de piedra, cuando son
adolescentes, empiezan a convertirse en humanos normales, con lo que pierden su
fuerza y resistencia. Para ser hombres de piedra auténticos tienen que pasar
por la prueba, que es sobrevivir al bosque oscuro, en la isla de la Ira. Si
sobreviven, hay dos opciones: o sobreviven saliendo ya como humanos, o
sobreviven como hombres de piedra. No tengo tiempo de advertirte de todos los
peligros, solo puedo decirte que busques un sitio descubierto. En esto soléis
fallar los hombres de piedra, que siempre buscáis una cueva para sentiros más a
salvo, más en casa, pero en ese lugar en todas las cuevas hay animales muy
peligrosos que debes evitar. En un sitio descubierto, aléjate al menos 100
pasos y escarba un pequeño hueco. Después fabrícate una cubierta con madera
trenzada y hojas, para taparte. Sal solo de día, consigue algo de comida, bebe
mucho y vuelve a tu agujero. Luego te diré en que consiste la prueba (aparte de
sobrevivir). Sobrevive y no utilices el triángulo, yo lo utilizaré cuando sea
seguro. Cuídate amigo.
La voz dejó de salir, y dejó a Sgrr solo y asustado. De
repente, se sintió en peligro, como si en cualquier momento pudiera atacarle
algo. Tuvo la tentación de echar a correr, pero tuvo la suficiente sangre fría
de no hacerlo. Haría caso a Vrael. Se puso a andar en una dirección. El bosque
era muy cerrado, apenas permitía avanzar. De vez en cuando veía ramas y hojas
en el suelo, que iba metiendo en su maleta. Miraba a todas partes, asustado,
sintiéndose observado. Cada poco tiempo se paraba y miraba atrás. Tenía la sensación
de que algo lo estaba acechando, pero no veía nada, así que siguió adelante. En
un momento dado llegó a un riachuelo, donde se paró a beber. Justo al lado del
riachuelo había una gran elevación, que tenía una buena cantidad de agujeros
con pinta de ser muy confortables.
- ¿Cuántos hombres de piedra como yo habrán muerto ahí?
-pensó. Se estremeció, y siguió adelante.
Al cabo de 5 minutos andando, el bosque se acababa
abruptamente. Justo tras los últimos árboles empezaba una gran extensión
completamente despejada, solo con algunos matorrales y leves ondulaciones del
terreno. Muy lejos se veían unas grandes montañas. Sgrr ando en línea recta,
contando. Cuando llegó a 150 pasos, se paró y miró alrededor. Se ubicó, guardó
en su memoria el sitio por donde había venido (puesto que sabía que allí había
agua cerca) y bajó una leve ondulación que había delante, para hacer un agujero
fuera de la vista de cualquier ser que pudiera estar mirándolo. Empezó a cavar
con las manos (puesto que no tenía ninguna herramienta). Iba bastante lento,
porque la tierra estaba considerablemente dura (sabía que eso era bueno, que no
se hundiría fácilmente, pero le estaba costando mucho). Miró el sol, asustado.
Estaba ya bajando, y el apenas había hecho un agujero de su tamaño (para entrar
tumbado) y de 20 centímetros de profundidad. Siguió excavando mientras el sol
caía, y cuando este ya apenas daba claridad, probó a meterse. Perfecto, cabía.
Sacó de su mochila rápidamente los palos y hojas que había ido cogiendo y se
puso a trenzarlos. Cogió hojas de varios arbustos cercanos y las pilló también.
Cuando ya no veía apenas nada, terminó, se tumbó en el agujero y se tapó con la
tabla de palos que había hecho. Respiró aliviado, pero enseguida se puso tenso,
porque empezó a escuchar un rugido cercano. ¿Habría tardado demasiado? ¿Algo lo
habría visto? Se estuvo quieto, en completo silencio. Ahora no se escuchaba
nada fuera. Pero de repente se escuchó un fuerte rugido, y al instante un
chillido de alguna criatura. Luego, unos pesados pasos alejándose en la
oscuridad.
Sgrr pasó la noche sin dormir, llorando aterrorizado. Se
acordaba de su casa, del dulce olor que había todas las mañanas, de sus padres
que, aunque muy callados, habían hecho que al no le faltara de nada. ¿Sabrían
sus padres por lo que estaba pasando? Por lo que le había explicado Vrael,
ellos debían de haberlo pasado en algún momento, pero…¿En serio lo habían
mandado a él y a su hermano a pasar ese infierno? Y su hermano, ¿habría
sobrevivido? Lloró amargamente, sintiéndose el ser más solitario del mundo.
A la mañana siguiente, cuando ya llevaba bastante rato
entrando claridad a través de la tabla, escuchó la voz de Vrael:
- ¿me escuchas Sgrr? Habla, no tenemos mucho tiempo.
Se acercó la piedra a la boca
-sí, dime.
-Te explico, en ese bosque viven unos seres llamados Ferdus.
Estos seres tienen la característica que atacan a todo lo que está vivo menos a
los humanos y a los seres que no sienten miedo. Pues bien, el valle en el que
estás tiene solamente una salida a través de un desfiladero, que es donde estos
seres tienen su madriguera. Para pasarlo tienes que ser o humano (es decir,
rendirte a todos tus miedos, lo que hará que dejes de ser un hombre de piedra)
o no tener miedo, que es la característica que tienen en común todos los
hombres de piedra. Así que quédate donde estás, sobrevive y reflexiona. Cuando
estés listo, parte hacia las montañas que ves desde tu posición y enfréntate a
tu prueba. Sobrevive de la forma que sea, ten cuidado con el camino (puesto que
el camino forma parte del aprendizaje) y Sgrr, yo se que eres más fuerte de lo
que tu te crees. Lo vas a lograr amigo. Por cierto, es arriesgado utilizar este
medio de comunicación, tardaré varios días en volver a hablar contigo.
Y dejó de escucharse. Sgrr levantó la tapa y miró alrededor.
Todo seguía igual que la noche anterior, así que tapó su escondite y subió con
cuidado la suave pendiente, y una vez arriba miró alrededor. Había algo que lo
inquietaba, y ahora se daba cuenta de que: el silencio. Criado en un pueblo que
en realidad era un campamento militar, estaba acostumbrado siempre al ruido y
hasta ese momento no se había dado cuenta del incómodo silencio. Solo el viento
soplando levemente, y el suave ruido de la arena movida. Se calmó y se dio
cuenta de que tenía hambre, o que automáticamente le hizo pensar que, en su
casa, su madre tenía que estar en ese momento calentando las tostadas a la
lumbre, mientras su padre exprimía el zumo, y el estaba allí, a mundos de
distancia. ¿Por qué no podía quedarse con ellos? ¿No podían dejarlo convertirse
en hombre y quererlo? ¿Por qué tenían que hacerle pasar por eso? En algún
momento había empezado a llorar. Suspiró, se secó las lágrimas y anduvo hacia
el bosque. Primero fue hacia el rio que había pasado, donde bebió. A continuación,
se puso a buscar por los alrededores algo que comer, sin tener muy claro que
buscar. No tenía ni idea de como cazar ningún animal (además de que no tenía
fuego para cocinarlo) y no veía algo como una planta que pudiera comerse.
Estuvo todo el día recorriendo zonas de bosque cercanas a donde estaba, pero no
fue capaz de encontrar nada. Al final del día, cuando ya caía la tarde, bebió
mucha agua para intentar mitigar el hambre voraz que sentía, se fue hacia su
agujero, y se tapó. Mientras los últimos rayos de sol caían el se durmió,
agotado.
El día
siguiente se despertó por el hambre, que le rugía las tripas. Fue de nuevo
hacia el bosque y, desesperado, lo recorrió. No encontró nada, y desesperado
probó a comer hojas de árboles, lo que solo le sirvió para vomitar. El día pasó
y cuando ya estaba anocheciendo, volvió a su refugio, donde intentaba dormir,
agotado, pero el hambre no se lo permitía. Así transcurrieron dos días más, y
al tercer día, Sgrr no podía apenas caminar. Iba como cuerpo sin alma hasta el
río, donde bebió agua y, justo después, se desmayó. Volvió en sí cuando el sol
ya estaba casi oculto, y haciendo un gran esfuerzo, se levantó. Escuchó un
rugido y al mirar alrededor vio a unos seres bípedos, con un largo cuello
terminado un en afiladísimo pico. Intentó huir, pero las fuerzas pronto le
abandonaron y tropezó. Su último pensamiento fue hacia su hermano.
Pero un
ruido lo despertó. Abrió los ojos dificultosamente y vio un enorme hombre de
piedra (mediría 3 metros o más, debía de tener cientos de años de edad)
enfrentándose a los seres. Los puso en desbandada, y Sgrr notó como lo cogía en
peso justo antes de volver a perder el conocimiento.
Lo
despertó un sabroso olor, que le hizo la boca agua. Por un momento pensó que
estaba en casa, y que todo había sido una pesadilla. Pero después se acordó de
todo y se despertó sobresaltado. Miró alrededor, sorprendido. Estaba en una
confortable cueva, de forma ovalada, en la que un fuego central calentaba la
estancia. A un lado del fuego había una mesa con 3 sillas, y al otro lado un
pequeño mueble para guardar utensilios. El estaba en una de las 3 camas que
había en la pared, en la zona más alejada del fuego. Volvió a aspirar el
delicioso olor, y vio que eran unas rebanadas de pan tostandose en la lumbre.
Se levantó, con la boca hecha agua, pero una voz le hizo darse un sobresalto y
pararse:
-Aún no están listas. Y cuando estén, tienes que comerlas
muy poco a poco.
Sgrr miró al rincón de donde salía la voz y en él se puso en
pie (Sgrr no sabía cómo había podido no verlo) un gigante hombre de piedra. Por
su tamaño (más de 3 metros) debía de tener cientos de años. Hablaba de forma tranquila y pausada, como
todos los hombres de piedra, pero también sonreía al hablar, algo extraño en
ellos.
-¿Quién eres?
-Mi nombre es Stron. Y tú, ¿Cómo te llamas?
-Sgrr. Gracias por salvarme la vida.
Stron lo miró fijamente unos minutos, antes de decir nada
-Eres muy joven, mucho más de los que suelen venir, pero
también eres diferente. Eres abierto, tienes sentimientos y los manifiestas,
pero normalmente no dejas que estos te controlen. Si consigues superar la
prueba, serás un hombre de piedra muy poderoso.
-¿Cómo voy a pasar ninguna prueba, muerto de hambre?-estalló
Sgrr, en un arrebato que a el mismo le sorprendió.
Stron volvió a mirarlo largamente antes de contestar.
-Estás en el límite. Unos días más y te volverías humano.
Pero yo confío en ti, se que lo lograrás.
Sgrr, sin saber por que, se sentía lleno de ira, tanto, que
empezó a gritarle:
-Yo no quiero pasar ninguna maldita prueba. Solo quiero
volver con mis padres, a su maldita casa, y vivir en paz, ¿Por qué es tan
difícil? ¿Por qué mi padre tiene que quitarme a mi hermano y luego mandarme
aquí? ¿Tan mal hijo soy? -y rompió a llorar, abatido.
Stron fue al lado suya, y le dio un fuerte abrazo.
-Hijo, los hombres de piedra tenemos uno de los trabajos más
duros. Tenemos que aguantar muchas temporadas solos, tenemos que aguantar
situaciones adversas, y podemos hacerlo. Pero, ¿Sabes cual es nuestra única
debilidad? Los sentimientos. En contra de lo que cree la gente, los hombres de
piedra desarrollamos unos fuertes sentimientos, que durante la adolescencia florecen.
Si te dejas llevar por ellos, te llevarán a convertirte en humano. Pero si tu
los dominas a ellos, si, aunque te duela, no dejas que te ciegue, té
convertirás en un hombre de piedra. Y serás capaz de enfrentar las misiones más
duras, sin pestañear. Mira a tu padre. ¿Crees que no lo está pasando mal? ¿Y tu
madre? Me consta que están destrozados. Pero saben que tienen que hacerlo, por
tu bien. Y no han dejado que los fortísimos sentimientos paternales les impidan
hacer lo correcto, que era hacerte pasar la prueba. -Sgrr iba a interrumpirle
para protestar, pero Stron le puso la mano en la boca- Ahora calla. Comeremos y
después descansarás y meditarás sobre las palabras que te he dicho.
Se dio la vuelta, sacó las tostadas del fuego y les puso
encima varias capas de un jugoso embutido. Le dio una a Sgrr y cogió el otra, y
se sentaron en la mesa a comer. Sgrr no podía dejar de darle vueltas a lo que
le había dicho. ¿Enserio era así? ¿De verdad sus padres si le querían? Si era
así como decía Stron… ¿Qué tenía que hacer exactamente? Le preguntó a Stron,
pero solo obtuvo el silencio por respuesta. Terminaron de comer, y Sgrr volvió
a sentirse cansado.
-Ahora métete en la cama y descansa, hijo. Te quedarás aquí
hasta que estés listo para pasar la prueba.
-Stron, tengo muchas preguntas.
Stron sonrió y le respondió:
-Hoy solo te responderé una. Piensa bien cual.
- ¿Por qué no me has ayudado antes? ¿Por qué has esperado a
que casi me consuma?
Stron mudó el gesto
-Si no supiera que eres bondadoso de corazón, diría que hay
ingratitud en tus palabras. No te he ayudado antes porque tenía que ver si eras
digno o no. Solo los dignos sobreviven, como hombre o como hombre de piedra.
Cuando he visto ese último intento de defenderte, me ha quedado claro. Y ahora,
descansa.
Y salió de la cueva, dejando a Sgrr con sus pensamientos,
que pronto se apagaron al quedar profundamente dormido.
Estaban
sentados alrededor del fuego, mientras masticaban unos bollos de algún tipo de
dulce pinchados en un palo, que calentaban al fuego, comían y volvían a
calentar. Estaban en silencio, cada uno
sumido en sus pensamientos. Habían pasado 10 días desde que Sgrr llegó a la
cueva, y ya estaba totalmente recuperado. Volvía a sentirse animado, pero no
podía evitar pensar en sus padres con cierto dolor. También se acordaba de Vrael, y esperaba que
no estuviera muy preocupado (se había dejado el triángulo de comunicación en su
refugio, y como sabía que no estaba permitido, no le había dicho nada a Stron).
Stron le decía que tenía que ser capaz de pensar en sus padres sin sentir
dolor, que ese sentimiento era el que podía provocar que los Ferdus lo
destrozaran o lo ignoraran. Sgrr lo intentaba, pero no lo conseguía.
Cuando terminaron de comer, Stron habló:
-Estás preparado, mañana te irás de aquí camino a las
montañas.
Sgrr se quedó paralizado, lleno de temor
-Pero aún no estoy preparado
-Si, lo estás, aunque no lo sabes. Te he permitido quedarte
un par de días más porque me recuerdas mucho a mi de pequeño, pero es hora de
que partas. Te daré provisiones de sobra. Recuerda, solo tienes que pasar el
desfiladero, justo después hay un puesto de avanzada de los hombres de piedra,
que cuenta con algunas Hadas que te llevarán a casa. Y ahora, a descansar, que
estés mañana listo.
Ese día durmió mal, y cuando se despertó, Stron tenía
preparada una mochila. Se la dio y le abrazó.
-Te acompañaré las primeras horas de camino, pero en
silencio, solo para darte ánimo. Así que este es el momento de la despedida-Lo
volvió a abrazar (Sgrr estaba encantado, desde que su hermano se marchó, no se
había sentido tan querido) Cuidate, Pasa la prueba y acuérdate de tu maestro,
que seguirá aquí algunos años más ayudando a los jóvenes hombres de piedra a
pasar la prueba.
-Si lo consigo…¿Podré visitarte de nuevo?
-No hijo, esta zona es muy peligrosa. Solo yo y unos pocos
vivimos aquí por ayudar, pero no es seguro que me vuelvas a visitar. Así que
marchemonos.
Salieron de la cueva con las mochilas en la espalda. El día
estaba nublado y amenazaba lluvia, además un frío viento corría, helandole la
cara. Caminaron a través del bosque, siempre en dirección a las grandes
montañas. En un momento determinado, Sgrr vio el claro donde bebía agua, y se
acordó que allí cerca estaba el triángulo con el que hablaba con Vrael. Pensó
que no podía cogerlo sin darle demasiadas explicaciones a Stron, así que optó
por no decir nada.
A mediodía habían
llegado a un risco al que se accedía por una pequeña cueva interior, que hacía
las veces de escalera. En él había los restos de varias columnas, signos de que
en otros tiempo alguien habitó allí.
-¿Quién vivió aquí? - preguntó Sgrr - es una zona demasiado
peligrosa para asentarse.
Stron reflexionó unos minutos antes de contestar
-esa historia es demasiado larga para contarla, además de
peligrosa. Podrías querer quedarte, o peor aún, volver. No te diré nada al
respecto.
Por más que le insistió, no le contó nada más, así que se
puso a comer en silencio, cabreado. Descansaron un rato y bajaron del risco.
Cuando Sgrr se dispuso a anda vio que Stron no le seguía.
-¿Que haces?
Stron lo miró y simplemente dijo:
-Te deseo todo lo mejor
Y se volvió, adentrándose en la espesura por el mismo camino
que habían llegado. Sgrr tardó unos minutos en darse cuenta de que volvía a
estar completamente solo, de la forma más absoluta. Nadie lo esperaba en ningún
lado, nadie (o casi nadie) sabía dónde estaba.
-Debes ser fuerte-se dijo a sí mismo- Da igual que nadie
sepa dónde estoy. Da igual que si muero, nadie sepa exactamente dónde y cuándo
me mataron. Yo sé el camino que tengo que seguir, y lo seguiré, o moriré en el
intento.
Se puso a caminar en dirección a las montañas, mientras
reflexionaba. Pensaba en su hermano, en sus padres y en Vrael. Se dio cuenta de
lo pequeño que era su mundo. Era un mundo pequeño, pero bonito y pensar eso le
hizo sentir indiferencia por su propia suerte. Y mientras caminaba tenía una
especie de despertar, una extraña catarsis estaba pasando en su mente. Se dio
cuenta de que sus problemas, en realidad no lo eran, eran tonterías, y de lo
afortunado que era por todos los momentos compartidos con sus padres, con su
hermano y con Vrael. No sonreía, no cantaba ninguna canción y, si alguien lo
fuera visto, sólo hubiera contemplado un rostro impertérrito, pero por dentro,
era feliz.
Cuando caía la noche llegó a lo que debía ser el comienzo
del desfiladero. Llevaba un rato subiendo una suave pendiente, y de repente,
dos afiladas crestas nacían a ambos lados del pequeño camino que había estado
siguiendo. Más adelante, estas crestas crecían aún más, hasta convertirse en
enormes montañas. Y, justo unos metros delante de él, estaba el primer Ferdus.
Tenía un buen tamaño, y para entrar al desfiladero tenía que pasar a menos de
dos metros de él. Tomó aire y decidido, se enfrentó a su destino.
El ser volvió la cabeza hacia él en cuanto entró en su rango
de visión. Empezó a gruñirle, y por un segundo empezó a sentir pánico ( lo que
provocó que el Ferdus se pusiera en posición de ataque) pero se dominó
enseguida. Empezó a pensar en su hermano, Vrael, su familia… ellos le querían.
Daba igual donde estuviese, ellos se acordaban de él. Y con esa seguridad
avanzó y pasó junto al Ferdus, que se quedó mirándolo. Sgrr resistió la
tentación de echar a correr, y siguió caminando. Caminó mucho rato, y fue
dejando atrás numerosos Ferdus que salían de sus cuevas, puesto que la noche
caía con rapidez. Pero Sgrr siguió andando. La próxima vez que durmiera sería
en una cama o muerto, porque no pensaba detenerse. Pero llegó un momento que,
en contra de lo que tenía pensando, se detuvo. El desfiladero se estrechaba
delante de él, y en el centro del camino había 3 Ferdus muy pegados, en el
suelo durmiendo. Tomó aire y se acercó a ellos lentamente. Cuando estaba justo
delante pasó un pie por delante de uno, y cuando iba a pasarlo, el Ferdus se
levantó, teniéndolo a él encima. El ser se puso muy nervioso y levantó sus dos
piernas delanteras, tirando a Sgrr y rompiendo su concentración. En cuanto dejó
de estar concentrado en su hermano, Vrael y sus Padres, los Ferdus se giraron
hacia el, cabreados y empezaron a acercarse en posición de ataque. Por un
segundo temiendo por su vida. Pero luego se acordó de la indiferencia que
tenía. El era un hombre de piedra, estaba cumpliendo con su cometido (que era
intentar pasar las pruebas para ser un hombre de piedra completo), y sabía que
los suyos siempre lo querrían, aunque no se lo dijeran. Y cuando terminó ese
razonamiento, los Ferdus empezaron a ignorarlo… y se fueron.
Con dificultad se levantó y se palpó la cara con las manos.
Tenía unas cuantas heridas por todo el cuerpo, y una grande en la cara, pero
por lo demás estaba bien. Siguió andando lo que le parecieron horas, hasta que
una profunda oscuridad reinó, y entonces siguió, a oscuras. Y cuando ya había
perdido toda noción del tiempo y del espacio que llevaba recorrido vio una luz
a lo lejos. Fijándose, era la luz parpadeante de una antorcha. Corrió hacia
ella, y cuando estaba llegando vio que había una empalizada de varios metros de
altura, y varios Elfos armados con arcos encima de ella, resguardandola. Cuando
llegó a la puerta y esta se abrió, cayó al suelo, inconsciente pero feliz.
Tres meses habían pasado y Sgrr acababa de salir de la
academia de soldados de piedra, donde (para su sorpresa) se había licenciado
con honores. Al parecer había batido varios record en su forma de escapar (él
pensaba que era por la ayuda recibida), y había aprobado todas las asignaturas
con buena nota. Ahora iba al campamento de las hadas que había adosado a la
academia, para que lo mandaran a su destino definitivo.
Mientras
caminaba iba pensando en el leve encuentro que tuvo con sus padres cuando pasó
la prueba. Su madre le dio el abrazo más fuerte que le había dado hasta el
momento mientras su padre asentía, orgulloso, y una solitaria lágrima caía por
su rostro. Y sin embargo fue un momento agridulce, puesto que fue cuando le
dijeron que su hermano no había pasado la prueba y se había convertido en
humano. Que sus padres habían ido a verlo al campamento de humanos (donde los
hombres de piedra que no habían pasado la prueba aprendían a vivir como
humanos) y el se había negado a verlos. Lo último que supieron es que a la
semana siguiente de estar ellos allí, se marchó sin decirle a nadie a donde
iba.
Durante
esos tres meses había intentado encontrarlo, pero sin éxito. Sabía que su
hermano no habría entendido la actitud de sus padres y por eso no había querido
hablar con ellos, como también sabía que con el si hablaría. También había
intentado localizar a Vrael, que según le dijeron al conseguir las espadas de
Samael fue destinado a otro puesto, mucho más cerca de su mujer y su hija, pero
no pudieron decirle donde.
Y con
esas reflexiones, llegó al puesto de Hadas. Allí, tras un rato esperando un
hada le hizo pasar al edificio (que, como todos los edificios de las Hadas,
estaba lleno de plantas por dentro y por fuera). Había una pequeña sala de
espera (sin sillas para sentarse) y una puerta que era de la misma madera que
la pared y apenas se diferenciaba de esta. Allí había otros dos hombres de
piedra esperando sus instrucciones y su viaje. Esperó su turno y cuando le
tocó, entró. Una vez dentro el hombre de piedra al mando de la formación le
dijo que su destino era el campamento Toik, y que su labor iba a ser patrullar
el pueblo de Banta, ya que se habían detectado últimamente demasiados intentos
de magia oscura y querían tener un informador confiable, a la misma vez que
daba tranquilidad a los pacíficos seres que allí vivían. Entró en el hexágono
(que era la base preferida por las Hadas para enviar a seres a través del espacio)
y se dejó transportar.
Llegó
directamente al campamento, donde le dieron una confortable habitación para él
solo y lo mandaron a patrullar ese mismo día, ya que ese día era la convención
anual de las Hadas y no había apenas ningún Hada, y había habido mucha
actividad oscura por la noche y la gente estaría inquieta. Salió del
campamento, y en poco rato llegó a Banta, pero le sorprendió encontrarsela muy
silenciosa. No se oía nada, y cuando vió en cuerpo destrozado en el suelo,se
pegó a la pared, sacó su arma y observó. Posiblemente fuera un transmutado, por
lo que el solo no iba a poder derrotarlo, pero tenía que intentarlo. Avanzó
hasta la plaza principal y cuando llegó, el alma se le cayó a los pies. Allí,
tirado en el suelo inconsciente, con sus dos espadas en la mano, estaba Vrael.
Se agachó y lo cogió mientras decía:
-No amigo, no por favor. Abre los ojos.
Vrael abrió los ojos y lo miró, sorprendido por un instante.
Le sonrió y con voz débil le dijo:
-No estaba seguro de haber logrado que te destinaran aquí.
Me alegro de que sí. Ayuda a mi hija por favor, se han ido por allí-le señaló
un lugar y volvió a caer inconsciente-
Sgrr corrió hacía allí, solo para ver un enorme Wek saltando
para capturar a una pequeña Hada, y como este se partía en dos en mitad del
salto. El pequeño Hada caía inconsciente desde una considerable altura, y Sgrr
llegó justo para cogerla.
Continuará...
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