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Cuentos del Amanecer 2 - La pérdida de Sgrr


Atrévete a Soñar

El mundo era perfecto para Sgrr. Era un niño de piedra, que estaba cerca de llegar a la edad médium. Muy hablador (para ser un hombre de piedra) y con hermanos a los que molestar, vivía feliz.
Vivían (como todos los hombres de piedra) en el límite de las montañas de la luna (que era la barrera natural que defendía el valle de la tranquilidad de las criaturas de la noche que vivían en la isla de los sueños, fuera del valle). La única forma de entrar en el valle, era atravesando las altas montañas de la luna. Pero estas tenían gravedad cambiante, Por ello, podías dar un paso y salir despedido hacia delante, hacia arriba, o ser aplastado contra el suelo.
Pero había caminos secretos, que solo los hombres de piedra conocían y que eran los responsables de vigilarlos, para que ninguna criatura de la noche entrara en el valle de la tranquilidad. Era un trabajo duro, pero estaba compensado con el hecho de que las demás criaturas le traían toda la comida que pudieran comer, además de regalos.  Era un trabajo que parecía creado para los hombres de piedra, porque amaban la soledad. Al menos, casi todos.
Sgrr era el mediano de 3 hermanos, (Los hombres de piedra solían tener entre 5 y 7 hijos, pero casi todos cogían una misteriosa enfermedad, que solo se trataba en otra parte del valle de la tranquilidad y que si no se curaba, requería de tratamiento de por vida. Quien volvía, se le consideraba un hombre (o mujer) de piedra completo, y ya podía vigilar las montañas de la luna, patrullar caminos o cualquier actividad reservada para los adultos) y estaba cerca de entrar en la edad Médium. Su hermano mayor, llamado Ptre, sólo se llevaba 15 años con el (los hombres de piedra vivían cientos de años, y por eso mismo su crecimiento era muy lento. Además, no dejaban de crecer mientras vivían, por eso la forma de saber la edad de un hombre de piedra (hombre o mujer) era fijarse en la altura.) y compartían habitación, además de un gran sentido del humor. Después estaba su hermana pequeña, Shru, que aun dormía en la habitación de sus padres, ya que aún no había más habitaciones.
Los hombres de piedra, debido a sus trabajos (patrullar las montañas de la luna la mayoría, y el resto o bien patrullar los caminos, o bien cuidar de sus propios poblados) solían vivir en cuevas que ellos mismos se cavaban. Eran cuevas austeras, pero no por ello poco confortables. Solían componerse de una habitación principal, con forma redonda, que estaba justo detrás de la puerta de entrada, que era donde los hombres de piedra preparaban su comida y hacían vida. Luego, alrededor de esta, estaban las demás habitaciones, que se iban ampliando conforme la familia crecía. En el caso de Sgrr, sus padres, muy ocupados, no habían podido excavar aun las habitaciones de Ptre y Shru.
Aquella mañana, estaba plácidamente dormido cuando algo tapó su nariz. Se despertó enseguida, sobresaltado, y lo primero que escuchó fueron las risas de Ptre. Se estiró y fue a hacerle cosquillas a su hermano, que estaba en su propio hueco (las camas de los hombres de piedra era huecos excavados en la pared de la habitación) riéndose todavía. Su hermano lo recibió sujetándole las manos, y forcejearon un rato, riéndose, hasta que la llamada de su madre los interrumpió:
-Niños, despertad.
Dejaron de jugar y encendieron una luz (los hombres de piedra eran nictálopes, por lo que la oscuridad que había en el cuarto no había sido impedimento para ellos).  Mientras recogían, Sgrr se fijó en el brazo de su hermano. Desde hacía unos días tenías unas manchas y sus manos, habitualmente duras y de color gris (como todos los hombres de piedra) estaban moteadas de un extraño color carne. Sus padres decían que era la enfermedad, que no era contagiosa pero que tenían que llevarlo a curarse. Aun así, había algo que a Sgrr no le cuadraba, aunque no sabía el qué. Le había preguntado a su profesor por las manchas de su hermano, pero lejos de tranquilizarlo, guardó silencio, al igual que había hecho el médico al que había ido a ver a escondidas de sus padres. Bastaba con preguntarle a cualquier adulto para que guardara silencio y dejara de responderle sus preguntas. También lo había intentado con Vrael, un elfo (ellos vivían en un poblado que defendía un camino principal de las montañas de la luna, por lo que había un asentamiento de elfos y un pequeño destacamento de hadas) amigo suyo. Lo miró largamente, con pena, antes de contestarle:
-Por favor amigo, no me vuelvas a preguntar cosas que no puedo responderte. Solo puedo decirte que ánimo y fuerza, que eres el hombre de piedra más fuerte que conozco. Y recordarte que tu hermano y tú estáis invitados a mi ceremonia del próximo mes (La ceremonia era un rito que tenían los Elfos, que sólo podían intentar pasar una vez en la vida. Era un rito secreto (que muy pocos pasaban), pero si lo superaban se celebraba una gran fiesta, y al Elfo en cuestión se le daban las espadas de Samael, unas espadas mágicas que siempre lo acompañaban, además de ser más reconocidos allá por donde iban). Me haría mucha ilusión veros allí (Aunque los elfos y hombres de piedra compartían campamento y población, no se solían mezclar. No era que se llevaran mal, era simplemente que los hombres de piedra eran demasiado huraños y solitarios para entablar conversación con nadie, todo lo contrario que los emocionales Elfos). 
Así que a Sgrr no le quedó más remedio que aceptar (Como solo los hombres de piedra podían hacer) que todo saldría bien y seguir disfrutando el día a día con su hermano, sin pensar demasiado en el mañana (esa habilidad, la de luchar día a día sin desfallecer pese a tener pocas posibilidades de ganar, le sería muy práctica en el futuro).
Cuando salieron a la sala común, el fuego ya ardía y varias tostadas se hacían encima de una plancha, calentada por el fuego. En la cocina había un olor delicioso, como todas las mañanas desde que Sgrr tenía memoria. Su madre se afanaba en vestir a su hermana, mientras su padre preparaba la comida, estrujando unas naranjas de las que salía un zumo que llenaba la cocina de un olor muy rico. Ellos pusieron la mesa y cuando terminaron las tostadas, todos se sentaron a comer. Como siempre, solo su hermano y el hablaban, sus padres, como era habitual en los hombres de piedra, eran muy callados, y su hermana apenas sabía hablar. Cuando ya estaban terminando su padre habló, extrañándole a ambos (su padre era vigilante exterior, es decir, vigilaba la parte externa de las montañas de la luna, por lo que podía pasar varios días solo sin hablar con nadie, incluso cuando estaba en casa).
-Hoy vamos a ir a ver un médico, Ptre. Nos vamos ahora. Tardaremos unos días.
Ptre y Sgrr se miraron, extrañados.
- ¿Por qué papá? ¿Tan grave es? Yo no me encuentro mal – Dijo Ptre-
Pero solo obtuvo el silencio por respuesta. Sgrr se preocupó. ¿Unos días sin su hermano? Iban a ser muy largos.  Su padre volvió a hablar:
-Coge una mochila con tus cosas, te espero en la puerta.
Entraron en la habitación de ambos y Sgrr le ayudó a guardar las cosas. Su hermano estaba nervioso. Sgrr le cogió las manos.
-Tranquilo hermano, te recuperaras.
Su hermano lo miró, preocupado.
-No lo haré. Se lo que va a pasar, y tu tienes que saberlo. He hablado con Vrael y... -Su padre en ese momento los interrumpió entrando en la habitación.
-Vamos hijo.
Su hermano se volvió hacia el y lo abrazó fuertemente.
-Te costará, pero habla con Vrael, él te ayudará.
Su hermano y su padre salieron por la puerta, dejándolo más solo que nunca. ¿Qué iba a hacer el sin su hermano? Era el único igual que él, que le gustaba bromear, reírse… ¿Cómo iba a ser su vida? Salió a la puerta, justo a tiempo de ver a su padre marcharse con su hermano. Su hermano, al verlo le preguntó:
- ¿Vamos a ir andando?
-No-respondió su padre- Vamos a ir hasta el puesto de hada del campamento y ella nos transportará.
Su hermano lo miró, como queriendo decirle algo que no entendió. Siguió mirándolos hasta que doblaron la esquina de la calle, y él se quedó allí quieto, solo. Esa palabra era la que mejor lo definía en ese momento: Solo. No tenía nadie con quien bromear, con quien hablar… ¿Cómo iban a ser sus días a partir de ahora? ¿Cómo aguantar las largas horas de colegio sin los descansos junto a su hermano? Se consoló pensando que no podía tardar tanto en volver, que sería cosa de como mucho una o dos semanas. Pensando eso entró en casa.
Habían pasado tres semanas desde que su hermano se había ido, y Sgrr ya había caído en la apatía. No hablaba apenas con nadie. Nadie le decía nada, ni lo consolaba, puesto que en los hombres de piedra era habitual hablar muy poco, pero él no era así. No se sentía parte de ellos, se sentía un extraño en su propia tierra. Él hablaba poco de pura tristeza, ya que no era capaz de olvidar a su hermano. Se había peleado con sus padres un montón de veces, y siempre le decían lo mismo: Que se estaba intentando curar de su enfermedad, y que si no se curaba no podría volver a vivir con ellos. El les dijo que quería irse con él, pero no le dejaron. Lloró muchas veces, hasta secarse sus lágrimas, pero su tristeza no se iba.
                Esa mañana era la ceremonia de Vrael. Aunque no estaba su hermano, decidió acudir, ya que Vrael era la única criatura que le había hecho compañía esas tres interminables semanas. La ceremonia era en el patio de armas. Habían montado una especie de cabaña en el centro, subida encima de un escenario de madera. La cabaña tenía solo una puerta, y por ella entraban los candidatos de uno en uno. Algunos tardaban minutos, otros, casi una hora, pero ninguno lo estaba consiguiendo, todos salían asustados y los jueces sacaban el mismo cartel, el de no conseguido. Llegó justo cuando iba a entrar Vrael, y desde lejos vio como le sonrió justo antes de entrar. Buscaba un sitio para sentarse cuando se dio cuenta de que muchos Elfos y Hadas estaban mirándolo. Los Elfos lo miraban raro, como… ¿con respeto? ¿Por qué, si él no había hecho nada? (Luego sabría que era respeto por ser el único hombre de piedra que se había molestado en ir a ver a un Elfo amigo pasar la prueba (de hecho, era el único hombre de piedra que tenía un Elfo amigo)). Pero las Hadas eran harina de otro costal. Los machos y las hembras empezaron a burlarse de el en cuanto entró. Pasó al lado de un grupo que, entre risas, le dijo:
-No me respondas -lo que despertó la risa de sus compañeros- pero ¿Qué haces aquí?, solo debes saber… ¡Que aquí hay que guardar silencio! -y estallaron en carcajadas.
Sgrr no lo entendía. ¿Qué le había hecho el a ellas? El no quería llamar la atención de nadie, solo quería ver la prueba de su amigo. Pero, como consecuencia de las risas de las hadas, mucha gente estaba volviendo la cabeza y cuchicheando, mirándolo. ¿Por qué hacían eso? ¿Por qué esas malditas hadas se burlaban de el? ¿Por qué lo miraba la gente? ¿No podían dejarlo en paz? Aguantó con el gesto serio, obligándose a no llorar mientras miraba la puerta por la que había desaparecido su amigo. Se acordaba de su hermano, si él fuera estado allí se fueran reído ellos de todos aquellos seres.

Cuando ya pensaba que no iba a aguantar mucho rato los cuchicheos, Vrael salió. Y, a diferencia de los otros salió victorioso. Todos irrumpieron en aplausos (olvidándose de Sgrr, afortunadamente). Sgrr consideró que ya lo habría visto, se dio la vuelta y se fue a su casa. Cuando estaba llegando a su puerta, Vrael lo interceptó y, antes de que le diera tiempo, le dio un fuerte abrazo. Y entonces, después de la pérdida de su hermano, las burlas…Sgrr rompió a llorar. Creía que nunca podría parar de llorar, que prefería la muerte antes que la honda pena que sentía por dentro.
Largo rato lloró y Vrael siguió allí, abrazado a él. Pasaron algunos hombres de piedra alrededor, algunos incluso se quedaron mirando (era muy raro ver un hombre de piedra con un Elfo, no digamos ya abrazados), pero a Sgrr le dio igual. Al cabo de un rato dejó de llorar. Creía sentirse algo mejor.
-Gracias, Vrael. Felicidades.
-Gracias, Sgrr. Tu no lo sabes, pero lo he logrado gracias a ti. Y por eso mismo-dijo, acercándose a su oreja y hablando en susurros-No debería decirte nada. Volverás a ver a tu hermano, de una forma u otra. Tu ya mismo partirás, pero tú eres diferente, debes resistir. Solo recuerda -dijo dándole una especie de figura de madera con forma de triángulo-llévate esto, y mientras lo lleves, podrás hablarme y yo te escucharé, y desde donde esté te daré ánimo y apoyo. Y resiste, que yo sé que tu lograrás resistir la prueba.
- ¿Qué prueba?
-La misma que yo acabo de pasar. Los hombres de piedra pasáis vuestra propia prueba. Y no me preguntes más por favor. Solo acuérdate-Vrael volvió a abrazarlo, se dio la vuelta y se fue.
El día siguiente amaneció como tantos otros. Se levantó, en silencio y a oscuras, y se puso a vestirse. Pero cuando encendió la luz encontró que tenía las manos manchadas de un extraño color carne. Al momento se preocupó mucho, puesto que sabía que había cogido la misma enfermedad que su hermano. Salió a la sala común y dijo:
-Papa, mama, mirad lo que me ha salido.
Sus padres se miraron, sin intercambiar palabras. Al cabo de un rato, su padre dijo:
-Hablaré con el doctor para que lo organice. Seguramente mañana partamos.
Y salió de la casa. Su madre lo miró, emocionada, y le dio un fuerte abrazo.
-Siempre serás mi niño, me da igual lo que seas o en que te conviertas-
Después salió con su hermana, dejando a Sgrr solo. El resto del día transcurrió tranquilo, raro. No fue al colegio (quien cogía la enfermedad no podía ir), así que estuvo en casa, dándole vueltas a la cabeza. Él sabía que se iba a marchar. ¿Su hermano también lo sabía? S lo sabía… ¿Por qué no le dijo nada? Llegó la noche, y se durmió sin saber que sería la última noche de su vida que dormiría en casa de sus padres. A la mañana siguiente de despertó y cogió su mochila (que ya había preparado el día anterior) y salió de su cuarto, aspirando el familiar y rico aroma a tostadas y zumo. Desayunó, y sin más despedida (pues su madre volvía a ser la de siempre) salieron. Cruzaron el campamento, y llegaron al puesto de las hadas. Una de las hadas que había, era la que se había burlado de el en la ceremonia de Vrael, pero esta vez no se burló, esta vez lo miró con pena, cosa que le inquietó.
-Hijo-le dijo su padre cuando llegaron-Ahora, escuches lo que escuches, no puedes hablar. Ánimo.
Se dio la vuelta y se dirigió al hada
-A este muchacho le ha llegado el momento. Ya sabes que tienes que hacer.
El hada lo miró
- ¿No es muy joven?
-Da igual. Es el momento-se volvió hacia Sgrr-Adelante hijo.
- ¿Tu no vienes papá? -De repente, se sintió acongojado y perdido- ¿Y qué hago yo?
Su padre no le respondió, con cara seria, le señaló la plataforma tele transportadora.
Sgrr avanzó y entró en la cruz de madera, que marcaba el sitio para ser teletransportado. El hada empezó a mover los brazos, y mientras un haz de luz envolvía a Sgrr lo último que vio fue a Vrael con un triángulo de madera como el suyo en la mano. Tras el haz de luz, notó una sensación extraña en la barriga, tras lo cual apareció en un claro de un espeso bosque. Había poca luz debido a la densa vegetación, que llegaba muy alto. Miró alrededor. ¿Se habría equivocado el hada? Decidió andar un poco a ver si veía a alguien. Cuando llevaba unos minutos andando, escuchó una voz. Al abrir su mochila le sorprendió descubrir que salía del triángulo, y la voz pertenecía a Vrael.
- ¿Me escuchas, Sgrr? Responde rápido por favor, no podemos usarlo mucho.
Sgrr se apresuró a responder hablándole al triángulo.
-Vrael, tienes que hablar con mi padre, algo ha fallado. He aparecido en mitad de un bosque.
-Escucha bien, Sgrr, nada ha fallado. Ahora que lo sabes ya puedo contártelo sin faltar a un juramento. Los hombres de piedra, cuando son adolescentes, empiezan a convertirse en humanos normales, con lo que pierden su fuerza y resistencia. Para ser hombres de piedra auténticos tienen que pasar por la prueba, que es sobrevivir al bosque oscuro, en la isla de la Ira. Si sobreviven, hay dos opciones: o sobreviven saliendo ya como humanos, o sobreviven como hombres de piedra. No tengo tiempo de advertirte de todos los peligros, solo puedo decirte que busques un sitio descubierto. En esto soléis fallar los hombres de piedra, que siempre buscáis una cueva para sentiros más a salvo, más en casa, pero en ese lugar en todas las cuevas hay animales muy peligrosos que debes evitar. En un sitio descubierto, aléjate al menos 100 pasos y escarba un pequeño hueco. Después fabrícate una cubierta con madera trenzada y hojas, para taparte. Sal solo de día, consigue algo de comida, bebe mucho y vuelve a tu agujero. Luego te diré en que consiste la prueba (aparte de sobrevivir). Sobrevive y no utilices el triángulo, yo lo utilizaré cuando sea seguro. Cuídate amigo.
La voz dejó de salir, y dejó a Sgrr solo y asustado. De repente, se sintió en peligro, como si en cualquier momento pudiera atacarle algo. Tuvo la tentación de echar a correr, pero tuvo la suficiente sangre fría de no hacerlo. Haría caso a Vrael. Se puso a andar en una dirección. El bosque era muy cerrado, apenas permitía avanzar. De vez en cuando veía ramas y hojas en el suelo, que iba metiendo en su maleta. Miraba a todas partes, asustado, sintiéndose observado. Cada poco tiempo se paraba y miraba atrás. Tenía la sensación de que algo lo estaba acechando, pero no veía nada, así que siguió adelante. En un momento dado llegó a un riachuelo, donde se paró a beber. Justo al lado del riachuelo había una gran elevación, que tenía una buena cantidad de agujeros con pinta de ser muy confortables.
- ¿Cuántos hombres de piedra como yo habrán muerto ahí? -pensó. Se estremeció, y siguió adelante.
Al cabo de 5 minutos andando, el bosque se acababa abruptamente. Justo tras los últimos árboles empezaba una gran extensión completamente despejada, solo con algunos matorrales y leves ondulaciones del terreno. Muy lejos se veían unas grandes montañas. Sgrr ando en línea recta, contando. Cuando llegó a 150 pasos, se paró y miró alrededor. Se ubicó, guardó en su memoria el sitio por donde había venido (puesto que sabía que allí había agua cerca) y bajó una leve ondulación que había delante, para hacer un agujero fuera de la vista de cualquier ser que pudiera estar mirándolo. Empezó a cavar con las manos (puesto que no tenía ninguna herramienta). Iba bastante lento, porque la tierra estaba considerablemente dura (sabía que eso era bueno, que no se hundiría fácilmente, pero le estaba costando mucho). Miró el sol, asustado. Estaba ya bajando, y el apenas había hecho un agujero de su tamaño (para entrar tumbado) y de 20 centímetros de profundidad. Siguió excavando mientras el sol caía, y cuando este ya apenas daba claridad, probó a meterse. Perfecto, cabía. Sacó de su mochila rápidamente los palos y hojas que había ido cogiendo y se puso a trenzarlos. Cogió hojas de varios arbustos cercanos y las pilló también. Cuando ya no veía apenas nada, terminó, se tumbó en el agujero y se tapó con la tabla de palos que había hecho. Respiró aliviado, pero enseguida se puso tenso, porque empezó a escuchar un rugido cercano. ¿Habría tardado demasiado? ¿Algo lo habría visto? Se estuvo quieto, en completo silencio. Ahora no se escuchaba nada fuera. Pero de repente se escuchó un fuerte rugido, y al instante un chillido de alguna criatura. Luego, unos pesados pasos alejándose en la oscuridad.
Sgrr pasó la noche sin dormir, llorando aterrorizado. Se acordaba de su casa, del dulce olor que había todas las mañanas, de sus padres que, aunque muy callados, habían hecho que al no le faltara de nada. ¿Sabrían sus padres por lo que estaba pasando? Por lo que le había explicado Vrael, ellos debían de haberlo pasado en algún momento, pero…¿En serio lo habían mandado a él y a su hermano a pasar ese infierno? Y su hermano, ¿habría sobrevivido? Lloró amargamente, sintiéndose el ser más solitario del mundo.
A la mañana siguiente, cuando ya llevaba bastante rato entrando claridad a través de la tabla, escuchó la voz de Vrael:
- ¿me escuchas Sgrr? Habla, no tenemos mucho tiempo.
Se acercó la piedra a la boca
-sí, dime.
-Te explico, en ese bosque viven unos seres llamados Ferdus. Estos seres tienen la característica que atacan a todo lo que está vivo menos a los humanos y a los seres que no sienten miedo. Pues bien, el valle en el que estás tiene solamente una salida a través de un desfiladero, que es donde estos seres tienen su madriguera. Para pasarlo tienes que ser o humano (es decir, rendirte a todos tus miedos, lo que hará que dejes de ser un hombre de piedra) o no tener miedo, que es la característica que tienen en común todos los hombres de piedra. Así que quédate donde estás, sobrevive y reflexiona. Cuando estés listo, parte hacia las montañas que ves desde tu posición y enfréntate a tu prueba. Sobrevive de la forma que sea, ten cuidado con el camino (puesto que el camino forma parte del aprendizaje) y Sgrr, yo se que eres más fuerte de lo que tu te crees. Lo vas a lograr amigo. Por cierto, es arriesgado utilizar este medio de comunicación, tardaré varios días en volver a hablar contigo.
Y dejó de escucharse. Sgrr levantó la tapa y miró alrededor. Todo seguía igual que la noche anterior, así que tapó su escondite y subió con cuidado la suave pendiente, y una vez arriba miró alrededor. Había algo que lo inquietaba, y ahora se daba cuenta de que: el silencio. Criado en un pueblo que en realidad era un campamento militar, estaba acostumbrado siempre al ruido y hasta ese momento no se había dado cuenta del incómodo silencio. Solo el viento soplando levemente, y el suave ruido de la arena movida. Se calmó y se dio cuenta de que tenía hambre, o que automáticamente le hizo pensar que, en su casa, su madre tenía que estar en ese momento calentando las tostadas a la lumbre, mientras su padre exprimía el zumo, y el estaba allí, a mundos de distancia. ¿Por qué no podía quedarse con ellos? ¿No podían dejarlo convertirse en hombre y quererlo? ¿Por qué tenían que hacerle pasar por eso? En algún momento había empezado a llorar. Suspiró, se secó las lágrimas y anduvo hacia el bosque. Primero fue hacia el rio que había pasado, donde bebió. A continuación, se puso a buscar por los alrededores algo que comer, sin tener muy claro que buscar. No tenía ni idea de como cazar ningún animal (además de que no tenía fuego para cocinarlo) y no veía algo como una planta que pudiera comerse. Estuvo todo el día recorriendo zonas de bosque cercanas a donde estaba, pero no fue capaz de encontrar nada. Al final del día, cuando ya caía la tarde, bebió mucha agua para intentar mitigar el hambre voraz que sentía, se fue hacia su agujero, y se tapó. Mientras los últimos rayos de sol caían el se durmió, agotado.
                El día siguiente se despertó por el hambre, que le rugía las tripas. Fue de nuevo hacia el bosque y, desesperado, lo recorrió. No encontró nada, y desesperado probó a comer hojas de árboles, lo que solo le sirvió para vomitar. El día pasó y cuando ya estaba anocheciendo, volvió a su refugio, donde intentaba dormir, agotado, pero el hambre no se lo permitía. Así transcurrieron dos días más, y al tercer día, Sgrr no podía apenas caminar. Iba como cuerpo sin alma hasta el río, donde bebió agua y, justo después, se desmayó. Volvió en sí cuando el sol ya estaba casi oculto, y haciendo un gran esfuerzo, se levantó. Escuchó un rugido y al mirar alrededor vio a unos seres bípedos, con un largo cuello terminado un en afiladísimo pico. Intentó huir, pero las fuerzas pronto le abandonaron y tropezó. Su último pensamiento fue hacia su hermano.

                Pero un ruido lo despertó. Abrió los ojos dificultosamente y vio un enorme hombre de piedra (mediría 3 metros o más, debía de tener cientos de años de edad) enfrentándose a los seres. Los puso en desbandada, y Sgrr notó como lo cogía en peso justo antes de volver a perder el conocimiento.
                Lo despertó un sabroso olor, que le hizo la boca agua. Por un momento pensó que estaba en casa, y que todo había sido una pesadilla. Pero después se acordó de todo y se despertó sobresaltado. Miró alrededor, sorprendido. Estaba en una confortable cueva, de forma ovalada, en la que un fuego central calentaba la estancia. A un lado del fuego había una mesa con 3 sillas, y al otro lado un pequeño mueble para guardar utensilios. El estaba en una de las 3 camas que había en la pared, en la zona más alejada del fuego. Volvió a aspirar el delicioso olor, y vio que eran unas rebanadas de pan tostandose en la lumbre. Se levantó, con la boca hecha agua, pero una voz le hizo darse un sobresalto y pararse:
-Aún no están listas. Y cuando estén, tienes que comerlas muy poco a poco.
Sgrr miró al rincón de donde salía la voz y en él se puso en pie (Sgrr no sabía cómo había podido no verlo) un gigante hombre de piedra. Por su tamaño (más de 3 metros) debía de tener cientos de años.  Hablaba de forma tranquila y pausada, como todos los hombres de piedra, pero también sonreía al hablar, algo extraño en ellos.
-¿Quién eres?
-Mi nombre es Stron. Y tú, ¿Cómo te llamas?
-Sgrr. Gracias por salvarme la vida.
Stron lo miró fijamente unos minutos, antes de decir nada
-Eres muy joven, mucho más de los que suelen venir, pero también eres diferente. Eres abierto, tienes sentimientos y los manifiestas, pero normalmente no dejas que estos te controlen. Si consigues superar la prueba, serás un hombre de piedra muy poderoso.
-¿Cómo voy a pasar ninguna prueba, muerto de hambre?-estalló Sgrr, en un arrebato que a el mismo le sorprendió.
Stron volvió a mirarlo largamente antes de contestar.
-Estás en el límite. Unos días más y te volverías humano. Pero yo confío en ti, se que lo lograrás.
Sgrr, sin saber por que, se sentía lleno de ira, tanto, que empezó a gritarle:
-Yo no quiero pasar ninguna maldita prueba. Solo quiero volver con mis padres, a su maldita casa, y vivir en paz, ¿Por qué es tan difícil? ¿Por qué mi padre tiene que quitarme a mi hermano y luego mandarme aquí? ¿Tan mal hijo soy? -y rompió a llorar, abatido.
Stron fue al lado suya, y le dio un fuerte abrazo.
-Hijo, los hombres de piedra tenemos uno de los trabajos más duros. Tenemos que aguantar muchas temporadas solos, tenemos que aguantar situaciones adversas, y podemos hacerlo. Pero, ¿Sabes cual es nuestra única debilidad? Los sentimientos. En contra de lo que cree la gente, los hombres de piedra desarrollamos unos fuertes sentimientos, que durante la adolescencia florecen. Si te dejas llevar por ellos, te llevarán a convertirte en humano. Pero si tu los dominas a ellos, si, aunque te duela, no dejas que te ciegue, té convertirás en un hombre de piedra. Y serás capaz de enfrentar las misiones más duras, sin pestañear. Mira a tu padre. ¿Crees que no lo está pasando mal? ¿Y tu madre? Me consta que están destrozados. Pero saben que tienen que hacerlo, por tu bien. Y no han dejado que los fortísimos sentimientos paternales les impidan hacer lo correcto, que era hacerte pasar la prueba. -Sgrr iba a interrumpirle para protestar, pero Stron le puso la mano en la boca- Ahora calla. Comeremos y después descansarás y meditarás sobre las palabras que te he dicho.
Se dio la vuelta, sacó las tostadas del fuego y les puso encima varias capas de un jugoso embutido. Le dio una a Sgrr y cogió el otra, y se sentaron en la mesa a comer. Sgrr no podía dejar de darle vueltas a lo que le había dicho. ¿Enserio era así? ¿De verdad sus padres si le querían? Si era así como decía Stron… ¿Qué tenía que hacer exactamente? Le preguntó a Stron, pero solo obtuvo el silencio por respuesta. Terminaron de comer, y Sgrr volvió a sentirse cansado.
-Ahora métete en la cama y descansa, hijo. Te quedarás aquí hasta que estés listo para pasar la prueba.
-Stron, tengo muchas preguntas.
Stron sonrió y le respondió:
-Hoy solo te responderé una. Piensa bien cual.
- ¿Por qué no me has ayudado antes? ¿Por qué has esperado a que casi me consuma?
Stron mudó el gesto
-Si no supiera que eres bondadoso de corazón, diría que hay ingratitud en tus palabras. No te he ayudado antes porque tenía que ver si eras digno o no. Solo los dignos sobreviven, como hombre o como hombre de piedra. Cuando he visto ese último intento de defenderte, me ha quedado claro. Y ahora, descansa.
Y salió de la cueva, dejando a Sgrr con sus pensamientos, que pronto se apagaron al quedar profundamente dormido.

                Estaban sentados alrededor del fuego, mientras masticaban unos bollos de algún tipo de dulce pinchados en un palo, que calentaban al fuego, comían y volvían a calentar.  Estaban en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos. Habían pasado 10 días desde que Sgrr llegó a la cueva, y ya estaba totalmente recuperado. Volvía a sentirse animado, pero no podía evitar pensar en sus padres con cierto dolor.  También se acordaba de Vrael, y esperaba que no estuviera muy preocupado (se había dejado el triángulo de comunicación en su refugio, y como sabía que no estaba permitido, no le había dicho nada a Stron). Stron le decía que tenía que ser capaz de pensar en sus padres sin sentir dolor, que ese sentimiento era el que podía provocar que los Ferdus lo destrozaran o lo ignoraran. Sgrr lo intentaba, pero no lo conseguía.
Cuando terminaron de comer, Stron habló:
-Estás preparado, mañana te irás de aquí camino a las montañas.
Sgrr se quedó paralizado, lleno de temor
-Pero aún no estoy preparado
-Si, lo estás, aunque no lo sabes. Te he permitido quedarte un par de días más porque me recuerdas mucho a mi de pequeño, pero es hora de que partas. Te daré provisiones de sobra. Recuerda, solo tienes que pasar el desfiladero, justo después hay un puesto de avanzada de los hombres de piedra, que cuenta con algunas Hadas que te llevarán a casa. Y ahora, a descansar, que estés mañana listo.

Ese día durmió mal, y cuando se despertó, Stron tenía preparada una mochila. Se la dio y le abrazó.
-Te acompañaré las primeras horas de camino, pero en silencio, solo para darte ánimo. Así que este es el momento de la despedida-Lo volvió a abrazar (Sgrr estaba encantado, desde que su hermano se marchó, no se había sentido tan querido) Cuidate, Pasa la prueba y acuérdate de tu maestro, que seguirá aquí algunos años más ayudando a los jóvenes hombres de piedra a pasar la prueba.
-Si lo consigo…¿Podré visitarte de nuevo?
-No hijo, esta zona es muy peligrosa. Solo yo y unos pocos vivimos aquí por ayudar, pero no es seguro que me vuelvas a visitar. Así que marchemonos.

Salieron de la cueva con las mochilas en la espalda. El día estaba nublado y amenazaba lluvia, además un frío viento corría, helandole la cara. Caminaron a través del bosque, siempre en dirección a las grandes montañas. En un momento determinado, Sgrr vio el claro donde bebía agua, y se acordó que allí cerca estaba el triángulo con el que hablaba con Vrael. Pensó que no podía cogerlo sin darle demasiadas explicaciones a Stron, así que optó por no decir nada.

     A mediodía habían llegado a un risco al que se accedía por una pequeña cueva interior, que hacía las veces de escalera. En él había los restos de varias columnas, signos de que en otros tiempo alguien habitó allí.

-¿Quién vivió aquí? - preguntó Sgrr - es una zona demasiado peligrosa para asentarse.

Stron reflexionó unos minutos antes de contestar

-esa historia es demasiado larga para contarla, además de peligrosa. Podrías querer quedarte, o peor aún, volver. No te diré nada al respecto.
Por más que le insistió, no le contó nada más, así que se puso a comer en silencio, cabreado. Descansaron un rato y bajaron del risco. Cuando Sgrr se dispuso a anda vio que Stron no le seguía.
-¿Que haces?
Stron lo miró y simplemente dijo:
-Te deseo todo lo mejor
Y se volvió, adentrándose en la espesura por el mismo camino que habían llegado. Sgrr tardó unos minutos en darse cuenta de que volvía a estar completamente solo, de la forma más absoluta. Nadie lo esperaba en ningún lado, nadie (o casi nadie) sabía dónde estaba.
-Debes ser fuerte-se dijo a sí mismo- Da igual que nadie sepa dónde estoy. Da igual que si muero, nadie sepa exactamente dónde y cuándo me mataron. Yo sé el camino que tengo que seguir, y lo seguiré, o moriré en el intento.
Se puso a caminar en dirección a las montañas, mientras reflexionaba. Pensaba en su hermano, en sus padres y en Vrael. Se dio cuenta de lo pequeño que era su mundo. Era un mundo pequeño, pero bonito y pensar eso le hizo sentir indiferencia por su propia suerte. Y mientras caminaba tenía una especie de despertar, una extraña catarsis estaba pasando en su mente. Se dio cuenta de que sus problemas, en realidad no lo eran, eran tonterías, y de lo afortunado que era por todos los momentos compartidos con sus padres, con su hermano y con Vrael. No sonreía, no cantaba ninguna canción y, si alguien lo fuera visto, sólo hubiera contemplado un rostro impertérrito, pero por dentro, era feliz.

Cuando caía la noche llegó a lo que debía ser el comienzo del desfiladero. Llevaba un rato subiendo una suave pendiente, y de repente, dos afiladas crestas nacían a ambos lados del pequeño camino que había estado siguiendo. Más adelante, estas crestas crecían aún más, hasta convertirse en enormes montañas. Y, justo unos metros delante de él, estaba el primer Ferdus. Tenía un buen tamaño, y para entrar al desfiladero tenía que pasar a menos de dos metros de él. Tomó aire y decidido, se enfrentó a su destino.

El ser volvió la cabeza hacia él en cuanto entró en su rango de visión. Empezó a gruñirle, y por un segundo empezó a sentir pánico ( lo que provocó que el Ferdus se pusiera en posición de ataque) pero se dominó enseguida. Empezó a pensar en su hermano, Vrael, su familia… ellos le querían. Daba igual donde estuviese, ellos se acordaban de él. Y con esa seguridad avanzó y pasó junto al Ferdus, que se quedó mirándolo. Sgrr resistió la tentación de echar a correr, y siguió caminando. Caminó mucho rato, y fue dejando atrás numerosos Ferdus que salían de sus cuevas, puesto que la noche caía con rapidez. Pero Sgrr siguió andando. La próxima vez que durmiera sería en una cama o muerto, porque no pensaba detenerse. Pero llegó un momento que, en contra de lo que tenía pensando, se detuvo. El desfiladero se estrechaba delante de él, y en el centro del camino había 3 Ferdus muy pegados, en el suelo durmiendo. Tomó aire y se acercó a ellos lentamente. Cuando estaba justo delante pasó un pie por delante de uno, y cuando iba a pasarlo, el Ferdus se levantó, teniéndolo a él encima. El ser se puso muy nervioso y levantó sus dos piernas delanteras, tirando a Sgrr y rompiendo su concentración. En cuanto dejó de estar concentrado en su hermano, Vrael y sus Padres, los Ferdus se giraron hacia el, cabreados y empezaron a acercarse en posición de ataque. Por un segundo temiendo por su vida. Pero luego se acordó de la indiferencia que tenía. El era un hombre de piedra, estaba cumpliendo con su cometido (que era intentar pasar las pruebas para ser un hombre de piedra completo), y sabía que los suyos siempre lo querrían, aunque no se lo dijeran. Y cuando terminó ese razonamiento, los Ferdus empezaron a ignorarlo… y se fueron.

Con dificultad se levantó y se palpó la cara con las manos. Tenía unas cuantas heridas por todo el cuerpo, y una grande en la cara, pero por lo demás estaba bien. Siguió andando lo que le parecieron horas, hasta que una profunda oscuridad reinó, y entonces siguió, a oscuras. Y cuando ya había perdido toda noción del tiempo y del espacio que llevaba recorrido vio una luz a lo lejos. Fijándose, era la luz parpadeante de una antorcha. Corrió hacia ella, y cuando estaba llegando vio que había una empalizada de varios metros de altura, y varios Elfos armados con arcos encima de ella, resguardandola. Cuando llegó a la puerta y esta se abrió, cayó al suelo, inconsciente pero feliz.




Tres meses habían pasado y Sgrr acababa de salir de la academia de soldados de piedra, donde (para su sorpresa) se había licenciado con honores. Al parecer había batido varios record en su forma de escapar (él pensaba que era por la ayuda recibida), y había aprobado todas las asignaturas con buena nota. Ahora iba al campamento de las hadas que había adosado a la academia, para que lo mandaran a su destino definitivo.

                Mientras caminaba iba pensando en el leve encuentro que tuvo con sus padres cuando pasó la prueba. Su madre le dio el abrazo más fuerte que le había dado hasta el momento mientras su padre asentía, orgulloso, y una solitaria lágrima caía por su rostro. Y sin embargo fue un momento agridulce, puesto que fue cuando le dijeron que su hermano no había pasado la prueba y se había convertido en humano. Que sus padres habían ido a verlo al campamento de humanos (donde los hombres de piedra que no habían pasado la prueba aprendían a vivir como humanos) y el se había negado a verlos. Lo último que supieron es que a la semana siguiente de estar ellos allí, se marchó sin decirle a nadie a donde iba. 
                Durante esos tres meses había intentado encontrarlo, pero sin éxito. Sabía que su hermano no habría entendido la actitud de sus padres y por eso no había querido hablar con ellos, como también sabía que con el si hablaría. También había intentado localizar a Vrael, que según le dijeron al conseguir las espadas de Samael fue destinado a otro puesto, mucho más cerca de su mujer y su hija, pero no pudieron decirle donde.
                Y con esas reflexiones, llegó al puesto de Hadas. Allí, tras un rato esperando un hada le hizo pasar al edificio (que, como todos los edificios de las Hadas, estaba lleno de plantas por dentro y por fuera). Había una pequeña sala de espera (sin sillas para sentarse) y una puerta que era de la misma madera que la pared y apenas se diferenciaba de esta. Allí había otros dos hombres de piedra esperando sus instrucciones y su viaje. Esperó su turno y cuando le tocó, entró. Una vez dentro el hombre de piedra al mando de la formación le dijo que su destino era el campamento Toik, y que su labor iba a ser patrullar el pueblo de Banta, ya que se habían detectado últimamente demasiados intentos de magia oscura y querían tener un informador confiable, a la misma vez que daba tranquilidad a los pacíficos seres que allí vivían. Entró en el hexágono (que era la base preferida por las Hadas para enviar a seres a través del espacio) y se dejó transportar.

                Llegó directamente al campamento, donde le dieron una confortable habitación para él solo y lo mandaron a patrullar ese mismo día, ya que ese día era la convención anual de las Hadas y no había apenas ningún Hada, y había habido mucha actividad oscura por la noche y la gente estaría inquieta. Salió del campamento, y en poco rato llegó a Banta, pero le sorprendió encontrarsela muy silenciosa. No se oía nada, y cuando vió en cuerpo destrozado en el suelo,se pegó a la pared, sacó su arma y observó. Posiblemente fuera un transmutado, por lo que el solo no iba a poder derrotarlo, pero tenía que intentarlo. Avanzó hasta la plaza principal y cuando llegó, el alma se le cayó a los pies. Allí, tirado en el suelo inconsciente, con sus dos espadas en la mano, estaba Vrael. Se agachó y lo cogió mientras decía:
-No amigo, no por favor. Abre los ojos.
Vrael abrió los ojos y lo miró, sorprendido por un instante. Le sonrió y con voz débil le dijo:
-No estaba seguro de haber logrado que te destinaran aquí. Me alegro de que sí. Ayuda a mi hija por favor, se han ido por allí-le señaló un lugar y volvió a caer inconsciente-
Sgrr corrió hacía allí, solo para ver un enorme Wek saltando para capturar a una pequeña Hada, y como este se partía en dos en mitad del salto. El pequeño Hada caía inconsciente desde una considerable altura, y Sgrr llegó justo para cogerla.

Continuará...

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